Aún me late el corazón fuerte solo de pensarlo. Trabajo en una oficina cutre en Madrid, papeleo todo el día, pero ayer… uf, ayer fue la hostia. Carlos, mi jefe, alto, moreno, con esa mirada que te desnuda. Desde hace semanas, nos miramos de reojo entre los archivadores. Él pasa por mi mesa, roza mi brazo ‘sin querer’, yo me mojo al instante. Ayer, reunión de equipo, todos hablando de números, y sus ojos clavados en mis tetas bajo la blusa. Me sudaban las manos. Terminó la reunión, todos se van, pero él me dice: ‘Quédate, María, revisamos unos dossiers’. Cierro la puerta del despacho pequeño, el corazón en la garganta. El aire huele a café rancio y su colonia fuerte. Se acerca, demasiado cerca, su aliento en mi cuello. ‘Sabes que me pones cachondo, ¿verdad?’, murmura. Yo… titubeo, ‘Carlos, y si nos pillan…’. Pero su mano ya en mi cintura, bajando al culo. Me aprieta, fuerte. Siento su polla dura contra mi muslo. El espacio se hace íntimo, solo nosotros, la mesa llena de papeles. Me besa el cuello, mordisquea, yo gimo bajito. ‘Shhh, calladita’, dice riendo. Desabrocha mi blusa, mis tetas saltan, pezones duros como piedras. Él los chupa, succiona fuerte, duele un poco pero me encanta. Manosea mi coño por encima de la falda, ya empapada la braguita. ‘Estás chorreando, puta’, gruñe. Yo asiento, ‘Sí… fóllame ya’. Pero él juega, me hace esperar, la adrenalina sube, oímos voces fuera, pasos. Casi nos pillan, pero eso me excita más.
No aguanto más. Le bajo la cremallera, su polla sale tiesa, gorda, venosa, con el capullo brillando de pre-semen. ‘Mira qué polla tengo por ti’, dice. La agarro, masturbo despacio, piel suave sobre el tronco duro. Me arrodillo entre los dossiers, el suelo frío contra mis rodillas. La meto en la boca, profunda, chupando el glande, lengua alrededor. Él gime, ‘Joder, qué buena mamada, traga más’. Empujo hasta la garganta, babeo, saliva por el mentón. Me folla la boca, agarra mi pelo, embiste. ‘Para, quiero tu coño’, ordena. Me pone de pie, sube mi falda, arranca la braguita. Me empotra contra la mesa, papeles vuelan. Siento su polla en mi entrada, resbaladiza de mis jugos. Entra de un golpe, ‘¡Aaaah!’, grito ahogado. Me llena entera, el coño se estira, duele rico. Empieza a bombear, fuerte, salvaje. Plaf, plaf, sus huevos contra mi culo. ‘Qué coño apretado, María, te voy a reventar’. Yo clavo uñas en la mesa, ‘Más, joder, fóllame duro’. Cambia, me gira, a cuatro patas sobre el escritorio. Escupe en mi ano, mete un dedo, ‘Aquí también quieres, ¿eh?’. ‘Sí, métemela por el culo’, suplico. Lubrica con saliva, empuja su polla en mi ojete. Quema al principio, me crispo, ‘Despacio… uf’. Pero entra, me parte en dos. Folla mi culo sin piedad, profundo, saca y mete. Siento cada vena rozando mis paredes. Me masturbo el clítoris, chorros de placer. ‘Me corro, cabrón’, grito bajito. Él acelera, ‘Toma mi leche, puta’. Eyacula dentro, chorros calientes llenan mi culo, desborda. Tiembla, gruñe como animal.
La tensión sube entre los escritorios
Se retira, su polla chorreando semen y mis jugos. Me limpia con un pañuelo de la mesa, rápido. ‘Vístete, que viene gente’, dice jadeando. Yo, piernas temblorosas, me bajo la falda, abrocho blusa, pelo revuelto pero lo peino con dedos. Él se sube pantalón, cierra cremallera, recoge papeles. Entran los compañeros, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, solo unos dossiers’, responde él tranquilo, yo asiento fingiendo normalidad. Siento el semen goteando en mi braguita rota, el culo ardiendo, coño palpitando. Nos miramos de reojo, sonrisa cómplice. Vuelvo a mi mesa, tecleo como si nada, pero revivo cada embestida. La adrenalina no baja, quiero más. Mañana… quién sabe.