Follada prohibida en la oficina: mi polvo con el compañero

Trabajo en una oficina grande, llena de escritorios y papeles por todos lados. Hoy, Marco, mi compañero del departamento de ventas, no paraba de mirarme. Sus ojos… uf, se clavaban en mis tetas bajo la blusa ajustada. Yo le devolvía la mirada, mordiéndome el labio. ‘¿Qué tal el informe?’, me dijo acercándose a mi mesa, su voz ronca. Sentí un cosquilleo en el coño. Entre dossiers y cafés, rozábamos las manos ‘sin querer’. La adrenalina me ponía cachonda, pensando que alguien podía notar. Al final del día, la sala de reuniones estaba vacía. ‘Ven un momento’, le susurré. Entramos, cerré la puerta y… clic, la llave giró. Nos miramos, jadeantes. ‘Joder, no aguanto más’, murmuró él, y me besó con furia. Sus labios duros, lengua invadiendo mi boca. Mis manos en su cuello, apretándolo contra mí.

Sus pechos… no, sus manos bajaron a mi culo, amasándolo sobre la falda. Yo le desabroché la camisa, sintiendo su pecho peludo y caliente. ‘Aquí mismo, ¿estás loca?’, dijo riendo nervioso. ‘Sí, fóllame ya’, respondí, tirando de su correa. Lo empujé al sofá de cuero negro. Me subí encima, frotando mi coño húmedo contra su polla dura dentro del pantalón. La tela áspera me volvía loca. Le bajé la cremallera, saqué esa verga gruesa, venosa, ya goteando precum. ‘Mira lo que me haces’, gruñó. La chupé un segundo, lengua en el glande, sabor salado. Pero quería más. Me quité la blusa, sujetador volando. Mis tetas grandes, pezones duros como piedras. Él las mamó, mordiendo suave… ay, ese pinchazo me hizo gemir. ‘Shh, que nos oyen’, susurró, pero siguió lamiendo, succionando fuerte.

La tensión sube entre miradas y papeles

Le bajé las bragas empapadas. Mi coño depilado, labios hinchados, clítoris palpitando. ‘Qué rico estás’, dijo, metiendo dos dedos. Entraban fáciles, chapoteando mi jugo. Me corrí rápido, temblando, mordiéndome la mano para no gritar. ‘Ahora mi turno’, jadeé. Me arrodillé, polla en la boca profunda, garganta apretándola. Él gemía, manos en mi pelo. Pero no, lo quería dentro. Me puse a cuatro patas en el sofá, culo en pompa. ‘Métemela toda’. Empujó, glande abriendo mi coño chorreante. ‘Joder, qué apretada’, gruñó. Embestidas brutales, huevos golpeando mi clítoris. Sudor goteando, olor a sexo llenando la sala. Me follaba como animal, pellizcando mis tetas colgantes. ‘Me corro… adentro, por favor’, supliqué. Él aceleró, polla hinchándose. Sentí los chorros calientes llenándome el útero, mi coño contrayéndose en otro orgasmo. Gemí bajo, cuerpo temblando.

Nos quedamos jadeando, su verga aún dentro, semen escurriendo por mis muslos. ‘Mierda, ha sido increíble’, dijo besándome el cuello. Rápido, nos vestimos. Blusa arrugada, falda torcida, pero nos miramos sonriendo pícaros. Limpié el sofá con kleenex, olor persistente. ‘Como si nada’, le dije abriendo la puerta. Salimos, él a su mesa, yo a la mía. Compañeros charlando, nadie sospechaba. Corazón latiendo fuerte toda la tarde, coño dolorido y satisfecho. Mañana… ¿repetimos?

Leave a Comment