Ay, chicas, no os lo vais a creer, pero ayer en la oficina pasó algo que aún me tiene el coño palpitando. Hacía un calor de cojones en Madrid, fin de verano, el aire acondicionado a medias y yo sudando bajo la blusa. Soy María, 35 tacos, secretaria jefa, abierta como una puta en celo, adoro el riesgo en el curro. El nuevo, Pablo, un chaval de 24, moreno, con esa mirada de novato que me pone a mil. Llevábamos toda la tarde revisando expedientes en mi despacho pequeño, puerta entreabierta, el jefe grande al fondo.
Nos rozábamos los brazos al pasar papeles, eh… sus ojos bajaban a mis tetas, que se me marcaban con el sudor. ‘María, este dossier está… caliente’, me dijo con voz ronca, y yo, joder, sentí un cosquilleo en el chocho. Le sonreí, crucé las piernas despacio, mi falda subiendo un poco. ‘Ven, ayúdame a archivar en la sala de atrás’, le solté, corazón latiendo fuerte. Cerré la puerta con pestillo, clic, y el espacio se volvió nuestro. Solo estanterías polvorientas, olor a papel viejo y nuestro sudor mezclado.
La tensión sube entre los expedientes
Me acerqué, our bodies casi pegados. ‘Pablo, ¿nervioso?’, le susurré, mano en su pecho. Él tragó saliva, ‘un poco… pero contigo no’. Sus labios rozaron los míos, hesitant, luego beso húmedo, lengua dentro, saboreando su nerviosismo. Manos en mi culo, apretando, yo gemí bajito, ‘shhh, no grites o nos pillan’. Le bajé la cremallera, saqué su polla tiesa, gruesa, venosa, goteando ya. ‘Joder, qué polla más rica’, murmuré, arrodillándome.
La chupé despacio al principio, lengua en el glande, saboreando el precum salado. Él jadeaba, manos en mi pelo, ‘María, para, voy a…’. No paré, la tragué entera, garganta apretando, slurp slurp, hasta que explotó, leche caliente llenándome la boca, tragué todo, amarga y espesa. ‘Mmm, buen chico’, le dije lamiendo restos. Él me levantó, rasgó mi blusa, tetas fuera, pezones duros. Me lamió, mordió, bajando a mi falda. Quitó braga, mojada perdida, dedos en mi coño rasurado, chorreando.
El polvo brutal y sin frenos
‘Estás empapada, puta’, gruñó, y yo, ‘fóllame ya, cabrón’. Me puso contra la estantería, polla dura otra vez, entró de un empujón, ¡ahhh!, llenándome, paredes apretando su verga. Bombeaba fuerte, plof plof, mis tetas rebotando, sudor goteando. ‘Más duro, joder mi coño’, gemí, uñas en su espalda. Cambiamos, yo encima, cabalgando, clítoris frotando, orgasmo viniendo, ‘me corro, aaaah’. Él no paró, me dio la vuelta, culo al aire, ‘quiero tu ano’. Dudé un segundo, adrenalina pura, ‘dale, pero despacio al principio’.
Escupió en mi ojete, dedo primero, luego polla empujando, duele rico, ‘¡coño, qué apretado!’. Entró centímetro a centímetro, yo mordiendo labio, ‘más, rómpeme el culo’. Follando anal, salvaje, sus huevos chocando mis nalgas, olor a sexo fuerte, sudor, ‘te enculo como a una perra’, jadeaba. Yo me corro otra vez, coño vacío pero ano en llamas, él gruñó, ‘me vengo’, semen caliente inyectando dentro, desbordando.
Jadeando, cuerpos pegajosos, besos suaves. ‘Ha sido… increíble’, murmuró él. Limpiamos rápido, kleenex en coños y pollas, olor a semen tapado con perfume. Vestidos, pelo en orden, salimos como si nada. ‘Vuelve mañana por más dossiers’, le guiñé. Él sonrió, ‘sí, jefa’. Regresamos a las mesas, miradas cómplices, el resto del equipo sin pillar nada. Adrenalina aún, coño dolorido, pero sonriendo. Dios, qué vicio el sexo en el trabajo.