Mi polvo prohibido en la oficina con la polla monstruosa de Mamadou

Me llamo Laura, tengo 32 años y trabajo en una oficina de consultoría en Madrid. Soy morena, con curvas de infarto y unas tetas enormes, 95H, que siempre se marcan bajo la blusa ajustada. Me encanta el riesgo, esa adrenalina de follar donde no debo, sobre todo en el curro. Hoy os cuento lo que me pasó esta semana con Carlos, mi compañero de mesa, y el nuevo, Mamadou, un negro altísimo y fornido de Senegal.

Estábamos los tres apilados en la zona de expedientes, fin de jornada, la oficina casi vacía. Papeles por todos lados, yo me agachaba a recogerlos y notaba sus ojos clavados en mi culo. ‘Eh, Laura, pasa-me ese dossier…’, dice Carlos con voz ronca, rozándome la cadera ‘por accidente’. Mamadou, callado, me mira las tetas mientras suda un poco, el calor del verano. Siento su mirada quemándome la piel, el corazón me late fuerte. Me incorporo despacio, mis pezones duros contra la seda, y les sonrío pícara. ‘Chicos, esto es un caos… ¿Vamos a la sala de reuniones a ordenarlo mejor? Allí hay más espacio.’ Ellos asienten, tragando saliva. Cerramos la puerta, tiro el pestillo. Ya estamos solos, el aire cargado de electricidad. El zumbido del aire acondicionado y nuestros jadeos rompiendo el silencio.

La tensión entre los expedientes y las miradas

No aguanto más. Me planto frente a Mamadou, desabrocho dos botones y agito mis tetas gordas delante de su cara. ‘¿Te molan, verdad? Míralas bien.’ Se le escapa un gruñido, baja la cremallera y saca… joder, su polla negra es un monstruo. Como 35 cm, gruesa como mi muñeca, venosa, el glande brillante de pre-semen. Ni con las dos manos la rodea del todo. ‘Madre mía…’, balbuceo, excitada perdida, el coño ya mojado empapándome las bragas. Me arrodillo, olor a macho fuerte subiéndome por la nariz. Abro la boca al máximo, saliva chorreando, y me la trago hasta la garganta. Media polla entra, me ahogo un poco, pero sigo mamándola con furia, lengua lamiendo el tronco, bolas pesadas golpeándome la barbilla.

Carlos no se queda atrás. Viene por detrás, me sube la falda, arranca las bragas. ‘Cariño, encúlame ya’, le suplico sacando la polla de Mamadou un segundo, branquitas relucientes. Mi polla favorita, larga y gorda, 20 cm de grosor brutal. Me escupe el culo y empuja de golpe. ‘¡Aaaah!’, grito, el ano estirado al límite, dolor-placer puro. Mamadou me calla metiéndomela hasta el fondo, como un tapón, solo gemidos ahogados salen. Él me agarra las tetas, las amasa, pellizca pezones, baja una mano al clítoris hinchado, frotando rápido. Carlos me taladra el culo a martillazos, piel contra piel chapoteando. Siento el orgasmo venir, coño palpitando vacío, chorros de jugos por muslos. ‘¡Me corrooo!’, mugo alrededor de la polla.

El sexo crudo e intenso en la sala privada

Me levanto temblando, barro la mesa de un manotazo. ‘Mamadou, fóllame el coño en la mesa mientras mamo a Carlos.’ Me tumbo boca arriba, piernas en alto, coño depilado reluciente. Él se coloca, roza el glande enorme en mis labios vaginales… y empuja. ‘¡Joder, qué prieta!’, gime, estirándome como nunca, fondo de útero golpeado. Empieza a bombear salvaje, mesa crujiendo. Bajo la cabeza, Carlos me la mete al revés, huevos en mi frente, oliendo a sudor. La chupo deep, garganta follada. Segundo orgasmo me sacude, aprieto dientes en su polla, él grita pero se corre, leche caliente bajando directo al estómago, tragando todo.

Mamadou acelera, saca la bestia chorreante y se pajea furioso sobre mi barriga. ‘¡Toma, puta!’, ruge, chorros espesos de semen caliente hasta mis tetas, 50 ml fácil, olor almizclado. Yo lamo lo que puedo, jadeando. ‘Quiero los dos agujeros…’, susurro, pero miramos el reloj. Rápido, nos limpiamos con kleenex, semen pegajoso por todos lados. Ajustamos ropa, olor a sexo flotando. ‘Venga, volvemos como si nada’, digo riendo nerviosa. Salimos, caras rojas, papeles en mano. Nuestros compañeros ni se enteran, pero yo siento la lefa goteando aún, el culo palpitando. Adrenalina máxima, ya pienso en la próxima.

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