Follada salvaje en la oficina: Mi polvo prohibido con el compañero

Hoy en el curro, eh… no sé, algo en el aire. Estoy en mi mesa, revisando papeles, y miro de reojo a Marco, el compañero del fondo. Ese cabrón tiene una mirada que me pone la piel de gallina. Lleva camisa ajustada, marca paquete, y yo… joder, mis bragas ya están húmedas solo de pensarlo. Trabajamos juntos desde hace meses, coqueteos sutiles, roces ‘accidentales’ al pasar carpetas. Él casado, yo soltera pero adicta al riesgo. Me encanta esa adrenalina, el miedo a que nos pillen.

De repente, el jefe nos manda a la sala de archivos a buscar unos expedientes viejos. ‘Id los dos, rápido’, dice. Corazón latiendo fuerte. Bajamos al sótano, luces fluorescentes parpadeando, olor a papel viejo y polvo. Cerramos la puerta, pero no del todo. ‘¿Dónde coño están esos putos papeles?’, digo yo, agachándome en los estantes bajos. Él se pone detrás, demasiado cerca. Siento su aliento en mi cuello. ‘Aquí… creo’, murmura, rozando mi culo con su polla dura a través del pantalón. Me quedo quieta, eh… conteniendo la respiración. Nuestras miradas se cruzan en el reflejo de un metal. ‘Joder, Marco, ¿qué haces?’, susurro, pero no me muevo. Él pone una mano en mi cintura, aprieta. ‘Tú lo quieres, zorra. Se te nota en los ojos’. El espacio se cierra, el mundo desaparece. Solo nosotros, el calor subiendo, mi coño palpitando.

La tensión sube entre los expedientes y las miradas

No aguanto más. Me giro, le beso con furia, lenguas enredadas, saliva chorreando. Le bajo la cremallera, saco esa polla gorda, venosa, ya goteando precum. ‘Métemela ya, cabrón’, gimo. Él me empuja contra la pared fría de metal, me sube la falda, rompe mis tangas de un tirón. ‘Estás empapada, puta’, dice riendo bajito. Me abre las piernas, frota la cabeza de su verga en mi raja hinchada. Entra de un golpe, joder, me llena entera. Grito ahogado, mordiéndome el labio. Empieza a bombear fuerte, polla entrando y saliendo, chapoteando en mis jugos. ‘¡Fóllame más duro!’, suplico. Me agarra las tetas por encima de la blusa, pellizca pezones duros como piedras. Yo le clavo las uñas en la espalda, huelo su sudor mezclado con colonia barata.

El polvo crudo y sin filtros en el cuarto privado

Cambiamos: me pone de rodillas en el suelo sucio. ‘Chúpamela, puta de oficina’. Abro la boca, trago su pija hasta la garganta, tosiendo, babeando. Él me folla la cara, bolas golpeando mi barbilla. ‘Joder, qué boca…’. Luego me levanta, me da la vuelta, culo al aire. Escupe en mi ojete, mete un dedo. ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, rómpeme el culo’. Empuja su polla lubricada en mi ano apretado. Duele rico, estiro, gimo como perra en celo. Me taladra el culo, manos en mi clítoris frotando furioso. ‘Me corro… ¡ahhh!’, explota dentro, semen caliente llenándome las tripas. Yo reviento en orgasmo, coño chorreando por las piernas, temblores por todo el cuerpo. Sudor, semen, jugos… olor a sexo puro.

Respiro agitada, él se retira, polla flácida goteando. ‘Joder, qué pasada’, dice limpiándose. Nos arreglamos rápido: falda abajo, bragas rotas en el bolsillo, semen escapando por mi muslo. Limpiamos el desastre con kleenex. ‘Como si nada’, susurro sonriendo pícara. Subimos las escaleras, expedientes en mano. En la oficina, nos miramos de lejos, guiño cómplice. El jefe pregunta: ‘¿Encontrasteis todo?’. ‘Sí, todo en orden’, respondo con cara de no haber roto un plato. Vuelvo a mi mesa, coño dolorido pero feliz, adrenalina aún bombeando. Mañana… quién sabe. Esto es lo que me pone, el interdit, el riesgo. No cambiaría mi curro por nada.

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