Era jueves, ya tarde en la oficina. Todos se habían pirado, solo quedábamos Carlos, mi jefe, y yo. ‘Necesitamos revisar estos dossiers antes del viernes’, me dijo con esa voz grave que me pone la piel de gallina. Asentí, eh… sentada a su lado en la sala de reuniones. La puerta cerrada, luces tenues. Olía a café rancio y a su colonia, esa que me hace mojarme sin querer.
Empecé a pasar páginas, rozando su brazo por ‘accidente’. Él carraspeó, pero no se apartó. ‘Mira esto’, dijo señalando una tabla, su mano en mi muslo un segundo de más. Sentí el calor subiendo, mis pezones endureciéndose bajo la blusa. Le pillé mirándome el escote, esos ojos oscuros devorándome. ‘Estás… distraída hoy, ¿no?’, murmuró, su aliento en mi cuello. Dudé, mordiéndome el labio. ‘Tú también, jefe. ¿O es que mi falda te molesta?’ Me reí bajito, abriendo un poco las piernas. Su mirada bajó, vio que no llevaba bragas. ‘Joder, Laura…’, tragó saliva.
La tensión entre papeles y miradas
El aire se cargó. Apoyé la mano en su paquete, ya duro como una piedra. ‘Shh, no hagas ruido’, susurré, mientras él deslizaba dedos por mi coño húmedo. Gemí suave, arqueándome. La mesa llena de papeles, pero ya no importaba. Me levantó la falda, me besó el cuello. ‘Llevo semanas fantaseando con esto’, confesó, voz ronca. Yo solo jadeaba, ‘Fóllame ya, no aguanto’. El espacio era nuestro, privado, pero el riesgo… dios, la puerta sin cerrojo, el guardia abajo. Adrenalina pura.
De repente, me giró sobre la mesa. Papeles volando. Bajó mis bragas de un tirón, no, espera, no llevaba. ‘Eres una puta traviesa’, gruñó, desabrochándose el pantalón. Su polla saltó, gruesa, venosa, goteando pre-semen. La embadurné con mi saliva, chupando la cabeza, lamiendo el tronco. ‘Mmm, sabe a ti’, murmuré. Él jadeó, ‘Trágatela toda’. La metí hasta la garganta, ahogándome un poco, babeando. Luego, me abrió las piernas, coño expuesto, hinchado y mojado. ‘Mira cómo chorreas por mí’. Rozó la punta en mi clítoris, torturándome.
El polvo brutal y la vuelta al curro
‘¡Métemela ya, joder!’, supliqué. Empujó de golpe, llenándome entera. ‘¡Ahhh, sí!’. Follando duro, salvaje. Su polla entrando y saliendo, chapoteando en mi coño empapado. Me agarraba las tetas, pellizcando pezones. ‘Eres tan estrecha, puta de oficina’, gemía. Yo clavaba uñas en su espalda, ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, polla hundiéndose hasta el fondo. Sudor goteando, olor a sexo crudo. Él me azotó el culo, ‘Muévete, zorra’. Gemí alto, casi grito, mordiéndome la mano. Sentí su polla hincharse, mis paredes apretando. ‘Me corro, jefe… ¡córrete dentro!’. Él rugió, llenándome de leche caliente, chorros potentes. Yo exploté, coño convulsionando, squirtando un poco sobre su vientre.
Jadeando, nos miramos. Semen chorreando por mis muslos. ‘Joder, qué polvazo’, dijo riendo bajito. Nos limpiamos rápido con kleenex, ropa en su sitio. ‘Vuelve al dossier’, bromeó, sentándose como si nada. Yo, piernas temblando, recogí papeles. ‘Sí, jefe… pero repito cuando quieras’. Sonrisa cómplice. Salimos normales, pero mi coño palpitaba aún. Mañana, curro normal, pero el secreto quema.