Estábamos hasta las tantas en la oficina, yo, Carlos y Javier, repasando unos putos expedientes. El aire olía a café rancio y sudor, eh… ya sabes, ese calor pegajoso de verano. Llevábamos horas, las miradas se cruzaban por encima de los papeles. Carlos, el del cubículo de al lado, no paraba de mirarme las tetas bajo la blusa. 95D, joder, se notan. Javier, el nuevo, se reía nervioso, pero sus ojos… uf, clavados en mi escote. ‘Oye, María, ¿siempre tienes esas vistas tan buenas?’, soltó Carlos, medio en broma. Me reí, pero sentí un cosquilleo en el coño. ‘Calla, que nos pillan’, dije, pero ya estaba mojada.
La cosa escaló rápido. Cerramos la puerta del despacho pequeño, el que usamos para reuniones privadas. ‘Solo un rato más’, murmuró Javier, pero su mano rozó mi muslo al pasar. Me quedé quieta, el corazón latiendo fuerte. Carlos se acercó por detrás, su aliento en mi cuello. ‘Joder, María, estás buenísima’. Le dejé besarme el cuello, suave al principio. Su mano subió, rozó mi teta izquierda… el pezón se puso duro al instante, marcando la blusa. Javier lo vio todo, boquiabierto. ‘¿En serio?’. Seguí sin moverme, excitada por el riesgo. Afuera, ruido de teclas lejano. Carlos insistió, pellizcó el pezón. Gemí bajito, ‘shhh…’. Desabotonó mi blusa, ¡zas!, tetas libres. Pezones como balas. Javier tragó saliva, polla ya abultando el pantalón.
La tensión que sube entre expedientes y miradas
No aguantamos. Carlos me chupó las tetas, alternando, lengua juguetona. ‘Qué ricas, coño’. Javier se unió, dos bocas en mis pezones, manos por todas partes. Me temblaban las piernas. ‘Chicos… esto es una locura’, pero abrí las piernas. Carlos metió mano bajo la falda, notó la tanga empapada. ‘Estás chorreando, puta’. La apartó, dos dedos en mi coño poiseoso. ‘¡Ahhh!’. Javier se arrodilló, skirt y tanga abajo. Solo medias y tacones. ‘Follaos mi coño, hazme correr’, supliqué, voz ronca. Javier hundió la lengua en mi raja, lamiendo clítoris, chupando jugos. Carlos me besaba, tetas en sus manos. Repliegue piernas, abriéndome toda. Él levantó mis nalgas, lengua en el culo. ‘¡Sí, métemela ahí!’.
Me puse a cuatro patas sobre el escritorio, papeles volando. Culo en pompa para Javier. Le abrí nalgas, lengua en el ano, follándome el ojete. Carlos debajo, en 69, lamiéndome el coño. Chorros en su boca. Yo, loca, les pajeé las pollas duras como hormigón. ‘Qué pollas tan gordas…’. Chupé a Carlos primero, tragando hasta la garganta, lengua en la hamate. Luego Javier, glande morado. Me turnaba, babas por todas partes. Carlos se puso detrás, ‘Te voy a follar como a una perra’. Entró lento, centímetro a centímetro, coño apretado y húmedo. ‘¡Joder, qué fontana!’. Golpes fuertes, couilles contra culo, chap-chap.
El follón brutal y sin frenos
Cambié, me empalé en Carlos cowgirl, tetas botando. Javier en mi boca. Le metí dedo en el culo a Carlos, dos, ‘¡Ensancha mi ojete, cabrón!’. ‘Os quiero a los dos dentro’, grité. Javier en el ano, dilatado y lubricado. Sentí su polla rozando la de Carlos a través de la pared. Me follaban alternos, coño-culo, sandwich. Sudor, gemidos, ‘¡Más duro, rasgadme!’. Dos orgasmos, cuerpo temblando, squirtando.
Javier sacó, me la metió en la boca directo del culo. Limpié todo. Cambiamos, yo limando el culo de Javier mientras Carlos me comía el coño. Tercer orgasmo, gritando bajito. Javier corrió en mi boca, tragué parte, resto en la mesa. Carlos: ‘Bebe mi leche, zorra’. Le chupé hasta vaciarle las bolas, tragando todo. Limpieza total: lengüetazos en pollas, mesa, hasta el sofá viejo.
Sudados, jadeantes. Rápido: ropa puesta, pelo en orden. ‘Como si nada’, dije riendo. Volvimos a los ordenadores, expedientes abiertos. Miradas cómplices. Afuera, nadie sospechó. Pero mi coño aún palpitaba. Mañana… ¿repetimos?