Follada salvaje en la sala de archivos con mi compañero de oficina

Ay, chicas, no sé por dónde empezar… Estaba en la oficina, un viernes por la tarde, todos ya pensando en el finde. Yo, Marta, secretaria jefa, organizando la sala de archivos. Ese cuarto estrecho, lleno de estanterías metálicas hasta el techo, olor a papel viejo y polvo que se te pega en la piel. Carlos, mi compañero del departamento de ventas, entra con una caja de dossiers. Alto, moreno, con esa sonrisa de cabrón que siempre me pone… nerviosa.

‘¿Necesitas ayuda, Marta?’, dice, acercándose demasiado. Nuestros brazos se rozan al sacar carpetas. Joder, su colonia, ese olor a hombre mezclado con sudor del día… Me pica la piel. Le miro de reojo, él a mí. Silencio pesado. ‘Eh… sí, pasa, cierra la puerta’, le digo, voz baja, como si nada. Pero el corazón me late fuerte. La puerta hace clic, y ya estamos solos. Espacio privado, eh. Entre las estanterías, nadie nos ve desde fuera.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

Empieza la tensión. Pasamos dossiers, pero las manos se demoran. La suya roza mi cintura al agacharme. ‘Estás sudando’, murmura, ojos clavados en mi escote. Mi blusa blanca, un botón suelto, mis tetas apretadas contra el sujetador. Siento su mirada quemándome. ‘Tú también, ¿no?’, respondo, mordiéndome el labio. Se acerca más, su aliento en mi cuello. ‘Joder, Marta, no aguanto más mirándote así’. Mi coño ya palpita, húmedo. Le empujo juguetona contra la pared. Nuestros labios chocan, beso salvaje, lenguas enredadas, saliva. Manos por todos lados. Él aprieta mi culo por encima de la falda. ‘Dios, qué prieto tienes’, gime.

Ya no hay vuelta atrás. Le bajo la cremallera del pantalón, polla dura saltando fuera. Gruesa, venosa, cabeza hinchada reluciente de pre-semen. ‘Mira lo que me haces’, dice ronco. Me arrodillo, olor a macho puro. La chupo, labios estirados, lengua girando en la punta. ‘Ahh, sí, trágatela toda’, jadea, mano en mi pelo. La meto hasta la garganta, arcadas suaves, saliva chorreando. Él gime bajito, ‘Cuidado, el jefe anda por ahí…’. Adrenalina pura, eh, ese miedo a que abran la puerta.

El polvo brutal y el clímax sin frenos

Me levanto, falda arriba, braga al lado. ‘Fóllame ya, Carlos’. Me gira, manos en la estantería, culo en pompa. Siento su polla rozando mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta’, ríe. Empuja de un golpe, entra hasta el fondo. ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñe. Bombeos brutales, piel contra piel, plaf plaf plaf. Mis tetas rebotan, sujetador bajado, pezones duros rozando el metal frío. ‘Más fuerte, rómpeme’, suplico, voz ahogada. Él me agarra las caderas, follándome como animal. Dedos en mi clítoris, frotando rápido. ‘Me vengo, me vengo…’, gimo. Explosión, coño contrayéndose, jugos bajando por muslos.

No para. Me saca, me pone boca abajo sobre cajas de papeles. Piernas abiertas, polla en mi culo ahora. ‘¿Quieres por detrás? Pídemelo’. ‘Sí, sodomízame, cabrón’. Lubricado con mi propio flujo, entra lento al principio. Duele rico, ardor que se vuelve placer. ‘Qué ano tan virgen’, miente el muy hijo de puta. Acelera, bolas golpeando mi coño. ‘Toma, toda para ti’. Gritos ahogados, mordiéndome el brazo para no chillar. Siento su polla hincharse, ‘Me corro dentro’. Chorros calientes llenándome el culo, goteando.

Sudados, jadeantes. Se sale, semen chorreando. Nos miramos, risas nerviosas. ‘Joder, qué pasada…’. Limpiamos rápido con kleenex, falda abajo, polla guardada. Olor a sexo impregnado en el aire. ‘Como si nada, ¿eh?’, dice guiñando. Salimos, él con la caja, yo con dossiers. En el pasillo, el jefe pasa: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’, sonreímos. Corazón aún latiendo fuerte, coño palpitando, culo dolorido. Vuelvo a mi mesa, tecleando como una santa. Pero sonrío sola… Mañana, repetimos.

Leave a Comment