Atada en la oficina: la follada prohibida que casi nos pillan

Ay, chica, te lo cuento como si acabara de pasar. Era tarde en la oficina, todos se habían pirado ya. Yo… bueno, soy de esas que adoran jugársela en el trabajo. Mi jefe, ese cabrón guapo, me había atado en su despacho para un jueguecito. Desnuda, eh. Brazos arriba, sujetos a la lámpara del techo con unas esposas de peluche rosa. Piernas abiertas, tobillos fijos a las patas del escritorio. Coño al aire, con mi triángulo pelirrojo brillando de lo mojada que estaba. Un gag en la boca, pero me lo quitó antes de irse a por algo. ‘Espera, puta, vuelvo ya’, me dijo riendo.

Silencio total. El aire frío del ventilo me eriza la piel. Oigo la puerta… crac. No es él, joder. Pasos sigilosos. Mi corazón late como loco. Luz de linterna barre la habitación. Se para en mí. ‘¡Hostia puta!’, susurra una voz de tío. No lo veo bien, sombra alta. ¿Un ladrón? ¿Seguridad? Intento esconderme, pero atada así… imposible. Mueve la linterna. Me ve entera: tetas pesadas subiendo y bajando, pezones duros, muslos abiertos mostrando mi raja húmeda.

La tensión sube entre archivos y miradas calientes

Se acerca despacio. Huele a colonia barata y sudor. ‘¿Qué coño haces aquí?’, pregunta. Yo balbuceo: ‘Mmm… ayúdame… por favor’. Me quita el aire de la cabeza con un vaso de agua que trae. Manos firmes. Nuestros ojos se clavan. Los suyos bajan a mis tetas, a mi coño. Siento su mirada quemándome. ‘Joder, qué buena estás’, murmura. Roza mi pelo. Dudamos. El espacio se cierra. Él solo, yo expuesta. Su mano tiembla un poco al rozar mi hombro. Calor sube. ‘¿Te libero?’, dice, pero sus dedos bajan lentos por mi cuello, hasta un pezón. Lo pellizca suave. Gimo. ‘O… ¿seguimos el juego?’. Asiento, mordiéndome el labio.

¡Uf! Pierde el control. Me chupa las tetas como loco. Lengua en los pezones, mordiendo suave. ‘Qué tetazas, coño’. Sus manos bajan, me masajean los muslos. Siento su aliento en mi coño. ‘Estás empapada, puta’. Me lame los labios mayores, despacio. Lengua entra en mi raja, chupando mi clítoris hinchado. ‘¡Sí, joder!’. Dos dedos dentro, curvados, tocan mi punto G. Me corro gritando, cuerpo temblando atado. Él se quita los pantalones. Polla enorme, venosa, goteando pre-semen. ‘Te voy a follar como a una perra’. Se pone condón. Frota la punta en mi entrada. Empuja fuerte. ¡Aaaah! Me llena entera, polla dura partiendo mi coño.

El polvo brutal: polla dura y coño en llamas

Me embiste brutal. Plaf, plaf, piel contra piel. ‘¡Qué coño más apretado!’. Yo gimo: ‘Más… fóllame fuerte’. Cambia ritmo, lento y profundo, luego salvaje. Sus bolas chocan mi culo. Me suelta un tobillo, dobla mi pierna. Penetra más hondo. Siento cada vena. ‘Me vengo… ¡no pares!’. Él gruñe: ‘Aguanta, zorra’. Me folla sin piedad, tetas rebotando. Le araño la espalda. Otro orgasmo me arrasa, coño contrayéndose alrededor de su polla. Él explota: ‘¡Me corro!’. Chorros calientes dentro del condón. Sudor, jadeos. Huele a sexo puro.

Minutos después… silencio. Me desata rápido. ‘Joder, ha sido… increíble’, dice limpiándose. Yo me froto las muñecas, coño palpitando. ‘Cállate y ayúdame a vestirme’. Nos miramos, risa nerviosa. Oímos voces lejanas. ¡Mierda, alguien viene! Él sale por la ventana de emergencia. Yo me pongo la falda arrugada, blusa mal abotonada. Me siento al escritorio, abro un dossier como si nada. Jefe entra: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, revisando papeles’. Sonrío, piernas temblando, semen goteando por el muslo. Día normal mañana. Pero… ¿quién era ese tío? Quiero repetir.

Leave a Comment