Mi follada prohibida en la oficina con el nuevo stagiaire

Buff, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en esta oficina cutre en medio de la nada, un polígono industrial perdido en Castilla. Yo, Carmen, 37 tacos, casada, tres críos en casa, pero con un culo que aún levanta miradas. Llegó el nuevo, un chaval de 20 años, estudiante en prácticas, guapísimo, con esa cara de pillo y cuerpo atlético. Se llama Alex. Desde el primer día, en las reuniones, sus ojos se clavaban en mis tetas bajo la blusa ajustada. Yo, con mi falda lápiz que me marca el coño, le devolvía las miradas, mordiéndome el labio. ‘Ehh, Carmen, ¿me pasas ese dossier?’, decía él, rozándome la mano. Joder, el roce era eléctrico, sentía el calor subiendo por mis muslos.

Los días pasaban, y la cosa escalaba. Una tarde, solos en la sala de reuniones revisando presupuestos. La puerta entreabierta, el resto del equipo en la pausa. ‘Mira esto…’, murmuraba yo, inclinándome sobre la mesa, dejando que viera mi escote. Él tragaba saliva, su polla ya medio dura bajo los pantalones. Nuestras rodillas se tocaban debajo. ‘Joder, Carmen, hueles tan bien…’, soltó bajito. Me reí, nerviosa, pero abrí un poco las piernas. Sus dedos rozaron mi falda, subiendo despacio. ‘Shh, que nos pillan…’, susurré, pero no paré. Cerré la puerta con pestillo, el corazón a mil. Espacio privado. Solo nosotros, el olor a papel y mi excitación empapando las bragas.

La tensión sube con miradas y papeles

Ya no aguantábamos. Me giró, me besó con hambre, lengua dentro, manos en mis tetas. ‘Quítame la blusa, cabrón’, gemí. Desabrochó botones, sacó mis pechos del sujetador, chupó mis pezones duros como piedras. Yo le bajé la cremallera, saqué esa polla joven, gruesa, venosa. ‘Mmm, qué polla más rica…’, la lamí del tronco a la cabeza, tragué hasta la garganta. Él gruñía, me follaba la boca. ‘Ahora tú, arrodíllate’, ordenó. Me puse a cuatro sobre la mesa, falda subida, bragas a un lado. Lamía mi coño rasurado, chupaba el clítoris, metía lengua dentro. ‘¡Sí, joder, lame mi coño mojado!’. Entró de golpe, polla dura reventándome. Follando brutal, mesa crujiendo, yo mordiendo mi mano para no gritar. Cambiamos: yo encima, cabalgando, tetas botando, coño tragando su verga hasta los huevos. ‘¡Fóllame más fuerte, me corro!’. Él en levrette, nalgueándome, polla embistiendo mi chocho chorreante. Sentía su sudor, su aliento en mi cuello, el riesgo de que alguien abriera. Orgasmos brutales, yo temblando, él llenándome de leche caliente dentro, sin condón, puro vicio.

Uf, jadeando, nos miramos. ‘Vístete rápido, que vuelven’, dije, limpiándome el coño con kleenex, semen goteando muslos. Él se subió pantalones, yo blusa abotonada, falda lisa. Abrí pestillo, salimos como si nada, sonrisas falsas. ‘Gracias por el dossier, Carmen’, dijo alto. Yo: ‘De nada, Alex, hasta mañana’. Regresamos a nuestros puestos, yo sentada con el coño palpitando, él tecleando como un santo. Nadie sospechó. Pero en las miradas, la promesa de más. Adrenalina pura, casi me corro solo pensando en el casi-pillo.

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