Ay, chicas, no os podéis imaginar lo que me pasó ayer en el curro. Trabajo de secretaria en una oficina cutre cerca de Rouen, pero yo soy española, de las que no se cortan un pelo. Llevo meses fantaseando con mi jefe, Abdel, un moreno guapo, con ese rollo magrebí que me pone a mil. Alto, musculoso, siempre con esa sonrisa de sinvergüenza. Eh… ayer fue el día.
Estábamos solos en la sala de archivos, revisando expedientes viejos. El aire olía a papel mohoso y a su colonia fuerte, que me mareaba. Yo inclinada sobre una caja, mi falda lápiz subiéndose un poco, notando sus ojos clavados en mi culo. ‘Corynne, pasa esa carpeta’, dice él, pero su voz ronca, como si no le importara el papeleo. Me giro, y zas, nuestras miradas chocan. Sus pupilas dilatadas, yo mordiéndome el labio sin querer. ‘Joder, Abdel, hace calor aquí, ¿no?’, le suelto, abanicándome con una mano.
La tensión subiendo entre miradas y papeles
Se acerca, demasiado cerca. Su aliento en mi cuello, oliendo a café y tabaco. ‘Sí, calor… mucho’, murmura, rozando mi brazo con el suyo. Siento su polla ya medio dura contra mi cadera. El corazón me late fuerte, la adrenalina subiendo porque la puerta está entreabierta, cualquiera puede entrar. Pero eso me excita más. Le miro, dudando un segundo. ‘¿Qué haces?’, digo bajito, pero no me aparto. Él sonríe, cierra la puerta con un clic suave, y el espacio se hace nuestro. Privado. Peligroso.
Ya no hay vuelta atrás. Me empuja contra la estantería, sus manos en mi culo apretando fuerte. ‘Me vuelves loco, zorrita’, gruñe, besándome salvaje. Lenguas enredadas, mordiéndome el labio hasta que sabe a sangre. Le bajo la cremallera, saco su polla gorda, venosa, palpitando en mi mano. ‘Joder, qué pedazo de verga tienes’, gimo, mientras él me sube la falda y mete dedos en mi coño ya chorreando. ‘Estás empapada, puta’, dice riendo, frotando mi clítoris hinchado. Dos dedos dentro, bombeando, yo arqueándome contra los archivos que crujen.
El polvo intenso y sin frenos
No aguanto más. Me arrodillo, el suelo frío contra mis rodillas, y me la meto en la boca. Chupando fuerte, lengua en el glande, tragándomela hasta la garganta. Él gime, agarrándome el pelo: ‘Así, cabrona, trágatela toda’. Babas por todas partes, su polla oliendo a macho. Me levanto, él me da la vuelta, falda en la cintura, braga a un lado. ‘Voy a follarte como una perra’, dice, y embiste. Su polla entra de golpe en mi coño apretado, rompiéndome en dos. ‘¡Ahhh, joder, sí!’, grito bajito, mordiéndome la mano para no armar escándalo.
Me folla brutal, sin piedad. Cada estocada profunda, sus huevos chocando contra mi culo, el sonido chap-chap de mi coño mojado. Me agarra las tetas por debajo de la blusa, pellizcando pezones duros. ‘Córrete, puta, córrete en mi polla’, ordena, acelerando. Yo tiemblo, el orgasmo me arrasa, piernas flojas, chorros de jugo bajándome por los muslos. Él no para, me da la vuelta, me sube a una mesa llena de papeles que vuelan. Piernas abiertas, me penetra otra vez, mirándome a los ojos. ‘Mira cómo te abro el coño’. Bombeando como un animal, sudando, gruñendo. Siento su polla hincharse, y zas, se corre dentro, leche caliente llenándome, desbordando.
Eh… jadeando, sudados, nos miramos. ‘Hostia, ha sido… increíble’, digo yo, besándole. Él se ríe: ‘Vuelve al trabajo, como si nada’. Nos arreglamos rápido, falda bajada, polla guardada, papeles recogidos. Salimos por separado, yo primero, sonriendo como una idiota. Vuelvo al escritorio, piernas temblando aún, coño palpitando con su semen dentro. Él pasa, guiña un ojo, y seguimos tecleando como si no hubiera pasado nada. Pero sé que repetiremos. El riesgo… uf, me pone a mil.