Trabajo en una oficina cutre del centro, rodeada de montones de dossiers y el zumbido constante de los ordenadores. Javier es el nuevo, el que llegó hace un mes. Alto, con esa barba incipiente que me pone… Mmm. Al principio, solo miradas. Él revisando informes a mi lado, yo sintiendo su pierna rozar la mía bajo la mesa. ‘¿Todo bien con ese expediente?’, me pregunta con voz grave. Yo asiento, pero mi coño ya palpita. Cada vez que se inclina, huelo su colonia mezclada con sudor. Dios, qué ganas de lamerle el cuello.
Los días pasan y la cosa se calienta. Una tarde, solos en la sala de reuniones. ‘Necesito tu ayuda con esto’, dice, cerrando la puerta. El clic del pestillo me eriza la piel. Nos sentamos cerca, demasiado. Sus ojos bajan a mis tetas, apretadas en la blusa. Yo cruzo las piernas, notando cómo mi tanga se moja. ‘Javier… esto… ¿nos pillan?’, susurro, pero mi mano ya roza su muslo. Él sonríe, pícaro. ‘Shh, solo un rato’. Su aliento en mi oreja. Me besa el lóbulo, suave al principio. Yo gimo bajito, ‘joder, para… o no pares’. Nuestras lenguas se enredan, salivas mezcladas, manos impacientes.
La tensión subiendo entre papeles y miradas
No aguanto más. Le bajo la cremallera, saco su polla dura, gruesa, venosa. ‘Mira qué pedazo de verga tienes’, le digo, acariciándola lento. Él jadea, ‘chúpamela, por favor’. Me arrodillo entre sus piernas, en esa puta sala llena de carpetas. La mete en mi boca, profunda, hasta la garganta. Sabor salado, su prepucio suave. La chupo con hambre, lengua girando en el glande, bolas en mi mano. Él agarra mi pelo, ‘sí, así, puta guarra’. Me mojo tanto que goteo por las piernas.
El polvo intenso y el regreso fingiendo normalidad
Me pone contra la mesa, sube mi falda. ‘Quítate las bragas’, ordena. Las arranco, mi coño depilado expuesto, hinchado de ganas. Me come el chocho con lengua experta, lamiendo el clítoris, metiendo dedos. ‘Estás chorreando, zorra’, murmura. Grito ahogado, ‘fóllame ya, no aguanto’. Me penetra de un empujón, su polla abriéndome entera. Golpes duros, mesa crujiendo. ‘¡Más fuerte, joder!’, suplico. Me da la vuelta, me clava por detrás, nalgada en el culo. Prueba el ano, lubricado con mis jugos. ‘¿Quieres por el culo?’, pregunta. ‘Sí, rómpeme el ojete’. Entra lento, duele rico, luego embiste salvaje. Mi ano apretándolo, él gruñendo como animal. ‘Me corro dentro’, avisa. Eyacula caliente, llenándome.
Caemos jadeantes, sudor pegajoso. Su semen chorrea de mi culo. ‘Ha sido… brutal’, dice riendo bajito. Nos limpiamos rápido con kleenex de la mesa, olor a sexo impregnado. Me ajusto la falda, él la corbata. ‘Venga, a currar como si nada’, digo guiñando. Salimos, él con una carpeta bajo el brazo. En el pasillo, ‘¿archivado?’, pregunto normalita. Él asiente, ojos brillantes. Corazón latiendo fuerte, adrenalina pura. Mañana, más miradas… y quién sabe qué más.