Estábamos en la oficina hasta tarde, yo, mi jefe Carlos, su mujer Ana que vino a buscarlo, y mi compañero Luis. Terminábamos unos informes, eh… con unas copas de vino que sacamos del minibar. La charla empezó normal, de curro, pero poco a poco… viró al sexo. Carlos contó que una vez casi montan un intercambio con amigos, pero se cortaron. Ana se reía, pero se le notaba caliente, mordiéndose el labio.
Yo miré a Luis, que estaba al lado mío ordenando papeles. Sus ojos se clavaron en mis tetas, bajo la blusa. ‘¿Y tú, qué fantasías tienes?’, me soltó Carlos. Dudé, ‘Bueno… me flipa el riesgo, follar aquí en la oficina, con el miedo a que pillen’. Ana sonrió, ‘Yo también, el subidón de adrenalina…’. De repente, Carlos rozó la pierna de Ana con la suya bajo la mesa. Luis y yo nos miramos, y su mano… cayó casualmente en mi rodilla. El aire se cargó, eh… los expedientes quedaron olvidados. Cerramos la puerta de la sala de reuniones, luces bajas, y ya era nuestro espacio privado.
La tensión sube entre los expedientes
Empezaron los roces. Carlos besó a Ana fuerte, yo a Luis. ‘Quítate la falda’, me susurró él al oído, su aliento caliente. Me la bajé, quedé en tanga. Ana ya tenía las tetas fuera, Carlos las chupaba. Luis me metió mano en el coño, ‘Estás empapada, puta’. Gemí bajito. Ana se acercó, ‘Déjame probarte’, y me besó, lengua dentro, mientras Carlos bajaba los pantalones. Su polla saltó, gorda y tiesa. Luis sacó la suya, yo la cogí, la pajere despacio, sintiendo las venas pulsando.
Nos desnudamos todos. Ana se arrodilló ante Luis, le metió la polla hasta la garganta, glup glup, saliva chorreando. Yo hice lo mismo con Carlos, mamando su verga, oliendo a macho sudado. Él me follaba la boca, ‘Traga, zorra de oficina’. Luego, Luis me tumbó en la mesa, abrió mis piernas y me comió el coño, lengua en el clítoris, dedos dentro, chapoteando mi jugo. Ana montó a Carlos, rebotando en su polla, tetas saltando. ‘¡Fóllame más fuerte!’, gritaba.
El sexo crudo e intenso sin parar
Cambié: me puse a cuatro patas. Luis me metió la polla en el coño de un empujón, ‘¡Qué apretado tu chocho!’. Carlos se acercó por detrás, escupió en mi culo y metió un dedo, ‘Te voy a abrir el ojete’. Dudé un segundo, ‘Suave, eh…’, pero el morbo me pudo. Sacó la polla del coño de Ana y me la clavó en el culo, despacio, milímetro a milímetro. ¡Joder, llena hasta reventar! Doble penetración, las dos pollas frotándose dentro, separadas por una pared fina. ‘¡Me partís, cabrones, pero qué rico!’. Ana se acercó, me lamía el clítoris mientras me follaban.
Ellos se animaron, Carlos le metió dedos en el culo a Luis mientras follábamos. Luego, 69 entre ellos: Luis mamando la polla de Carlos, tragando hasta las huevos. Yo y Ana nos lamiós mutuamente, lenguas en coños y culos, saboreando jugos ajenos. ‘¡Me corro!’, grité primero, temblando, chorros en la boca de Ana. Luis eyaculó en la cara de Carlos, que se la limpió y se la tragó. Carlos me llenó el culo de leche caliente, goteando.
Al final, jadeando, sudor por todos lados. Nos miramos, risas nerviosas. ‘Ha sido… brutal’, dijo Ana limpiándose. Nos vestimos rápido, olía a sexo everywhere, pero abrimos la ventana. ‘Venga, sigamos con los informes como si nada’, bromeó Carlos. Yo me senté, piernas temblando, coño palpitando aún. Regresamos al curro, serio el rollo, pero con sonrisas pícaras. Nadie sospechó, pero cada mirada ahora promete más riesgo.