Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Soy Carmen, 38 años, morena con curvas que vuelven locos a los tíos del curro. Tetas 95C, culo redondo, piernas largas… ya sabéis. Trabajo en una oficina de marketing, casada pero con un morbo brutal por lo prohibido. Ese viernes, a las 18h, el calor bajaba y el office se vaciaba. Me quedé con Pablo, mi compañero de ventas, revisando informes. Javier, el jefe, se unió. ‘Venga, un partidillo rápido de cartas para relajar’, dijo Pablo, guiñándome el ojo.
Sus miradas… uf. Pablo rozaba mi muslo bajo la mesa, ‘disculpa’, murmuraba, pero su mano subía. Javier, desde enfrente, devoraba mis tetas con los ojos, el escote de mi blusa blanca dejaba ver el push-up negro. ‘Carmen, estás… distraída hoy’, soltó Javier, voz ronca. El aire se cargaba, eh… sentía mi coño humedecerse. Cerramos la puerta de la sala de reuniones. ‘Privacidad para concentrarnos’, dijo él. Luces tenues, persianas bajadas. Pablo sirvió cafés, pero sus dedos rozaron mi culo al pasar. Corazón a mil, adrenalina de que nos pillen.
La tensión sube entre papeles y miradas
La cosa escaló. Jugamos al póker strip, medio en broma. Perdí una mano, me quité la chaqueta. Otra, la falda. Quedé en tanga y blusa. ‘Joder, Carmen, qué piernas’, jadeó Pablo. Javier ganó la siguiente: ‘Yo decido el premio. Si pierdo, te dejo follarte a quien quieras. Si gano… tú eres mía esta noche’. Abasourdida, pero mi coño chorreaba. Perdí. Javier sonrió lobuno. ‘Desnúdate’. Me arranqué la blusa, tetas al aire, pezones duros como piedras. Pablo gemía, polla hinchada en el pantalón.
Javier me empujó contra la mesa, besó mi cuello, mordió orejas. ‘Eres una puta cachonda, ¿eh?’. Su mano en mi tanga, dedos en el coño empapado. ‘Mira cómo chorreas, zorra’. Me abrió las piernas, lengua en mi clítoris, chupando fuerte. ‘¡Ahh, joder!’. Pablo se sacó la polla, enorme, venosa. ‘Chúpala, Carmen’. La cogí, glande salado, la tragué hasta la garganta, babeando. Javier se bajó los pantalones, su verga gorda, 20 cm fáciles. Me penetró de golpe, ‘¡Toma, puta de oficina!’, embistiéndome salvaje. El escritorio crujía, papeles volando. Pablo me follaba la boca, ‘traga, guarra, que te reviento la garganta’.
El polvo sin frenos y la sorpresa final
Cambiaron. Pablo en mi coño, ‘¡Qué apretado, joder!’, clavándome hasta el fondo, bolas golpeando mi culo. Javier por detrás, dedo en mi ano. ‘Te voy a abrir el culo’. Escupió, metió la polla en mi ojete. Dolor-placer brutal, gritaba: ‘¡Sí, rómpeme, cabrones!’. Doble penetración, pollas rozándose dentro, yo corría como loca, squirt en la mesa. Sudor, olor a sexo, gemidos. ‘¡Me corro!’, rugió Pablo, leche caliente en mi cara, tragando lo que podía, el resto chorreando tetas. Javier eyaculó en mi culo, ‘llena de porquería, puta’.
De repente, timbrazo. ¿La puerta? Corrimos a vestirnos. Eran dos compis más, ‘¿reunión extra?’. Olía a polvos, pero aerosoles rápidos. Javier: ‘Todo bien, seguid’. Limpiamos, reímos nerviosos. Yo con tanga rota, semen secando en piel. Volvimos a los ordenadores, ‘mañana deadline’, como si nada. Pero mis pezones rozaban la blusa, coño palpitando. Adrenalina pura, chicas. ¿Repetimos?