Ay, chicas, ayer en la oficina… uf, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en una gestoría, papeleo hasta las tantas. Eran como las siete y pico, todo el mundo se había pirado ya. Yo organizando expedientes en mi cubículo, sudando la gota gorda con este calor de mierda. De repente, entra él, mi jefe de sección, con esa sonrisa de lobo. ‘¿Sigues aquí, nena? Déjame ayudarte con estos putos papeles’. Su voz grave me erizó la piel. Cerró la puerta del despacho contiguo, dijo que para concentrarnos. El clic del pestillo… pum, corazón a mil.
Nos pusimos a clasificar carpetas, rozándonos los brazos. Sus ojos clavados en mis tetas bajo la blusa blanca, semi-transparente del sudor. ‘Joder, qué bien te marcan los pezones’, murmuró bajito, como probando. Me quedé tiesa, pero el coño ya palpitaba. ‘Shhh, nos pueden oír’, le dije, pero le sonreí pícara. Él se acercó más, su aliento caliente en mi cuello. Olía a colonia fuerte, a hombre. Sus manos rozaron mis caderas al pasar un expediente. ‘¿Sabes que me pones cachondo desde el primer día?’, susurró. Yo, con la boca seca: ‘Para… o no paro’. Pero no paré. Le miré fijo, mordiéndome el labio. El espacio se volvió nuestro, privado, con el zumbido del aire acondicionado como banda sonora. Sus dedos subieron por mi falda, tocando el borde de las bragas. ‘Estás empapada’, dijo riendo suave. Yo gemí bajito, ‘Cállate y tócame’. La tensión… Dios, era eléctrica.
La tensión sube entre los expedientes y las miradas
De golpe, me giró contra la mesa. ‘Quítate las bragas, ahora’, ordenó con voz ronca. Se las bajé, chorreando jugos por las piernas. Él se desabrochó el pantalón, sacó la polla tiesa, gorda, venosa. ‘Mírala, toda para ti’. Me la metí en la mano, pajéala fuerte, sintiendo el calor, el pulso. ‘Joder, qué dura’, balbuceé. Me subió la falda, me abrió las piernas. ‘Voy a follarte como una puta aquí mismo’. Entró de un empujón, el coño se abrió tragándosela entera. ‘¡Ahhh, sí, rómpeme!’, grité ahogado. Embestía brutal, la mesa crujía, papeles volando. Sus huevos chocaban contra mi culo, chapoteo húmedo. Me pellizcaba los pezones duros como piedras, ‘Tus tetas son para mamarlas’. Le chupé la lengua, salvaje, mordiéndonos. Sudor mezclado, olor a sexo puro. ‘Me corro, joder’, jadeó. ‘Dentro, lléname de leche’. Él aceleró, polla hinchada, y pum: chorros calientes inundándome el coño. Yo exploté, contracciones follando su verga, jugos chorreando mesa abajo. Gemidos ahogados, ‘¡Casi nos pillan, cabrón!’.
Respirando agitados, él salió, semen goteando de mi raja. ‘Límpiate rápido’, dijo riendo, pasándome un pañuelo. Me subí las bragas, alisando la falda temblorosa. Él se metió la polla flácida, abrochó todo. ‘Venga, a currar como si nada’. Sonreímos cómplices, recogiendo papeles. ‘Mañana repetimos?’, guiñó. ‘Si no nos echan’. Salí del despacho, piernas flojas, coño palpitando con su corrida dentro. Oficina vacía, pero adrenalina a tope. Como si nada, chicas. Trabajo normal… por fuera.