Trabajo en esta oficina desde hace un par de años. Es un sitio grande, con cubículos, mucho papeleo y esa vibra de estrés constante. Conozco a Javier desde un proyecto gordo hace diez años. Él tiene como quince más que yo, unos cincuenta, pero está en forma, eh… con esa mirada que te desnuda sin decir nada. Siempre hemos tenido esa complicidad, coqueteos leves en reuniones, pero nada serio. Hasta hoy.
Estábamos solos al final del día, revisando unos dossiers en mi mesa. El aire acondicionado zumbaba, pero sudaba un poco. Él se acercó mucho, su rodilla rozó la mía. ‘Mira esto, Laura, este informe está fatal’, dijo, inclinándose. Su aliento olía a café fuerte. Le miré los ojos, y… joder, vi hambre. Sonreí, mordiéndome el labio. ‘¿Fatal? Como mi falda hoy, ¿no? Demasiado corta para la oficina’. Él rio bajito, su mano rozó mi muslo ‘accidentalmente’. Sentí un cosquilleo directo al coño.
La tensión sube entre los escritorios
Los minutos pasaron con miradas que quemaban. Yo cruzaba y descruzaba las piernas, dejando que viera un poco más de piel. ‘Javier, ¿seguro que no te distraigo?’, le pinché. Él tragó saliva. ‘Al revés, nena. Me pones a cien’. Su voz ronca. El corazón me latía fuerte, esa adrenalina de que alguien entrara… Me encantaba. ‘Ven, vamos a la sala de archivos. Ahí está todo desordenado también’, murmuró. Nos levantamos, caminé delante, sintiendo sus ojos en mi culo. La puerta se cerró con clic. Espacio privado. Ya.
Adentro, olía a papel viejo y polvo. Luces tenues. Me giré, él ya estaba encima. Sus manos en mi cintura, me besó duro, lengua invasora. ‘Joder, Laura, llevo años queriendo esto’, gruñó. Le desabroché el pantalón, saqué su polla dura, gruesa, venosa. ‘Mira qué polla de hombre mayor’, le dije, acariciándola. Él me levantó la falda, rasgó mis bragas. ‘Estás empapada, puta de oficina’. Sus dedos entraron en mi coño chorreante, dos de golpe, follándome con ellos. Gemí, arqueándome. ‘Sí, así, métemela toda’.
El clímax brutal y la vuelta a la normalidad
Me puso contra la mesa, culo al aire. Escupió en mi ano, lo lamió como loco. ‘Tu culito es perfecto, lo voy a abrir’. Metió un dedo, luego dos, mientras su polla rozaba mi clítoris. ‘¡Ah, joder, duele rico!’, chillé bajito. Me folló el coño primero, embistiéndome fuerte, bolas golpeando mi piel. Sudor goteaba, el ruido de carne contra carne. ‘Fóllame más duro, cabrón, que nos pillen’. Cambió, polla en mi culo. Lentito al principio, luego brutal. ‘¡Toma, zorra, tu ano apretado me aprieta la verga!’. Me corrí gritando, coño palpitando, él eyaculó dentro, caliente, llenándome.
Nos quedamos jadeando. Sacó su polla, semen chorreaba por mis muslos. ‘Límpiate rápido’, dijo, riendo. Me subí las bragas rotas, alisé la falda. Él se subió el pantalón. ‘Vuelta al curro, como si nada’. Salimos, caras serias. En mi mesa, ‘buen trabajo con los dossiers’. Adentro, mi culo ardía, coño satisfecho. Esa adrenalina… volveré a por más. Mañana, quizás.