Mi polvo salvaje en la oficina: casi nos pillan follando

Trabajo en una oficina de abogados, ya sabes, papeleo eterno, reuniones aburridas. Tengo 35 años, me visto con faldas cortas que marcan el culo, blusas escotadas que dejan ver el encaje del sujetador. Me encanta el subidón de las miradas de los tíos. Sobre todo de él, Pablo, el nuevo de 25 años, alto, con esa sonrisa pícara. Hoy… uf, hoy ha sido la hostia.

Estábamos revisando expedientes en la sala de archivos, solos porque el resto en reunión. El aire denso, olor a papel viejo y su colonia fuerte. Nuestras manos se rozan al pasar carpetas. ‘Perdón’, dice él, pero no aparta el dedo, lo desliza por mi muñeca. Levanto la vista, sus ojos clavados en mis tetas. Siento el calor subiendo, pezones endureciéndose contra la blusa. ‘¿Qué miras tanto?’, le suelto bajito, mordiéndome el labio. Él se acerca, ‘No puedo evitarlo, estás buenísima’. Su aliento en mi cuello, hmm… el corazón me late a mil. Le empujo suave, pero no mucho, ‘Cuidado, nos pueden pillar’. Pero abro un poco las piernas, la falda sube sola.

La tensión sube entre expedientes y caricias robadas

Sus manos ya en mis muslos, subiendo lentas, rozando la piel. No llevo bragas, claro, por si acaso. ‘Joder, qué puta eres’, murmura, y mete dos dedos directos en mi coño ya mojado. Gimo bajito, ‘Shh, calla…’. El espacio se cierra, corremos la puerta, pero sin llave, el riesgo me pone a mil. Me besa duro, lengua dentro, saboreando mi saliva. Sus dedos follándome el coño, chapoteo húmedo, mi clítoris hinchado. ‘Estás chorreando, zorra’, dice, y yo, ‘Fóllame ya, no aguanto’.

La follada brutal y el regreso al curro como si nada

Lo arrincono contra la pared, le bajo los pantalones de un tirón. Su polla sale dura como piedra, gruesa, venas marcadas, goteando precum. La agarro, masturbo fuerte, ‘Qué polla más rica, Pablo’. Él me sube la falda, me da la vuelta, culo al aire. Siento la punta en mi entrada, resbaladiza. ‘Entra de una, joder’, le ruego. Empuja, ¡zas!, me la mete entera, rompiéndome el coño. Grito ahogado, ‘¡Sí, así, métesela hasta el fondo!’. Me folla brutal, placaplaca, sus huevos golpeando mi clítoris. Sudor goteando, olor a sexo crudo, mi coño apretándolo, succionando. ‘Tu coño es una puta máquina’, gruñe, pellizcándome los pezones duros. Cambio de posición, yo encima en la mesa, expedientes volando. Le monto como loca, polla entrando y saliendo, mi jugo por sus muslos. ‘Me voy a correr, cabrón’, jadeo. Él, ‘Córrete en mi polla, puta de oficina’. Exploto, coño convulsionando, chorro caliente. Él no para, me da tres embestidas más y eyacula dentro, leche espesa llenándome, desbordando por mis labios.

Uf… nos miramos jadeando, polla aún medio dura saliendo con un pop. ‘Joder, qué fuerte’, dice él, limpiándose con un expediente. Yo me bajo la falda, coño palpitando, semen chorreando piernas abajo. Nos arreglamos rápido, caras rojas, pelo revuelto. ‘Vuelve al curro como si nada’, le digo, guiñando. Salimos, pasillo vacío milagrosamente. Él a su mesa, yo a la mía, piernas temblando. El jefe pasa, ‘Todo bien?’, ‘Sí, perfecto’, sonrío, sintiendo su corrida secándose dentro. Adrenalina pura, el secreto ardiendo. Quiero más, ya sabes.

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