Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y olor a café quemado. Hoy, eh… estaba yo con los expedientes, apilados hasta el techo en la sala de archivos. Lucia, la nueva asiática del marketing, entró buscando unos papeles. Dios, qué morena, con esa piel suave y ojos que te desnudan. Llevaba una falda ajustada que marcaba su culito perfecto. Nuestras miradas se cruzaron… uf, como chispas. ‘¿Necesitas ayuda?’, le dije, voz temblorosa. Ella sonrió, mordiéndose el labio. ‘Sí, pero no con papeles’. Se acercó, rozando mi brazo. Sentí su calor, el perfume dulce. Empecé a sudar. Nadie venía por aquí al mediodía, pero el riesgo… mmm, me ponía cachonda. Cerró la puerta con pestillo, clic. Espacio privado. Sus manos en mi cintura, yo contra los estantes. ‘Siempre te miro en las reuniones, con esas tetas que se marcan bajo la blusa’, susurró. La besé, lengua dentro, saboreando su saliva. Bajé las manos a su culo, apretando. Ella gimió bajito, ‘Shh, que nos oigan’. Pero no paró, desabrochó mi blusa, exponiendo mi sujetador negro. Mordisqueó mi cuello, bajando. Yo… yo le subí la falda, tocando su tanga húmeda ya. ‘Estás empapada’, le dije. ‘Por ti, puta’. Reí nerviosa, corazón a mil. Sus dedos colaron en mi pantalón, rozando mi coño a través de las bragas. Temblé, piernas flojas.
No aguanté más. La giré contra la mesa, llena de carpetas. Le arranqué las bragas, vi su coñito rasurado, brillante de jugos. Olía a sexo puro. Me arrodillé, lengua directa al clítoris. Lamí fuerte, chupando sus labios hinchados. ‘¡Joder, sí! Come mi coño’, jadeó ella, agarrándome el pelo. Metí dos dedos, follándola rápido, curvándolos para tocar su punto G. Chorros de miel en mi boca, salada y dulce. Ella gritó ahogado, mordiéndose la mano. Se corrió, convulsionando, empapándome la cara. Me puse de pie, jadeando. ‘Ahora tú’, gruñó. Me bajó los pantalones de un tirón, string al suelo. Me abrió las piernas, dedos en mi raja empapada. ‘Qué coño tan jugoso, nena’. Tres dedos dentro, bombeando brutal. Su boca en mi teta, succionando pezón duro como piedra. Gemí, ‘¡Fóllame más, cabrona!’. Me masturbó el clítoris con el pulgar, rápido, mientras lamía mi otra teta. Sentí el orgasmo subir, brutal. Me corrí gritando bajito, coño apretando sus dedos, squirtando un poco en la mesa. Nos frotamos coños entonces, tribbing salvaje. Sus labios contra los míos, clítoris chocando, resbaladizos de fluidos. ‘Me vengo otra vez’, chilló. Yo igual, olas de placer, sudor por todos lados. Cuerpos pegados, tetas aplastadas, culos apretados.
La tensión entre los expedientes y las miradas
Uf… paramos, jadeando. Miradas culpables pero satisfechas. ‘Joder, ha sido increíble’, dijo ella, limpiándose el coño con una carpeta vieja. Yo me subí las bragas, rápido, abotonando blusa. ‘Vuelve al curro, como si nada’. Nos besamos suave, último roce. Abrí la puerta, pasillo vacío. Regresé a mi mesa, piernas temblando aún, coño palpitando. Lucia pasó minutos después, guiño disimulado. Nadie notó nada, pero yo… sentía su sabor en la boca todo el día. El jefe gritó reunión, y ahí estábamos, sonriendo profesionales. Adrenalina total, quiero repetir mañana.