Trabajo en una oficina de seguros, soy María, de Madrid, y joder, qué abierta que soy al sexo. Adoro el riesgo, esa adrenalina de follar donde no se debe. Mi compañera se llama Lucía, rubia con ojos azules que te clavan, cuerpo de infarto, tetas firmes y culo redondo. Llevamos semanas con miraditas, roces ‘accidentales’ al pasar papeles. Hoy, revisando expedientes en la sala de reuniones, el jefe se pira temprano. Nos quedamos solas, puerta entreabierta, el aire acondicionado zumbando bajito.
‘Lucía, dame ese dossier… uf, qué calor hace hoy, ¿no?’ Le digo, y mis ojos bajan a su escote, blusa blanca medio desabotonada, sudor perlando su piel. Ella se muerde el labio, ‘Sí, María… no sé, me pones nerviosa con esa mirada’. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa, no apartamos las manos. El corazón me late fuerte, huelo su perfume mezclado con ese olor a mujer caliente. ‘¿Sabes que me muero por ti desde hace días?’, susurro, y ella duda, ‘Yo… no sé si es buena idea, pero joder, tus ojos me queman’. Me levanto, cierro la puerta del todo, clic del pestillo. Espacio privado ya. Nos miramos, respirando agitadas. Su mano tiembla al tocar mi muslo, sube despacio por la falda.
La tensión entre expedientes y miradas
No aguanto más. La beso, labios suaves, calientes, lengua dentro ya, saboreando su saliva dulce. ‘Dios, Lucía, qué boca’, gimo. Ella responde feroz, manos en mi culo apretando. Le arranco la blusa, tetas perfectas saltan, pezones duros como piedras. Los chupo, muerdo suave, ella arquea la espalda, ‘¡Ay, María, sí, chúpamelos más!’. La tumbo en la mesa, expedientes vuelan al suelo. Le bajo la falda y el tanga, coño depilado, ya mojado, labios hinchados brillando. ‘Mira cómo chorreas, puta caliente’, le digo, y meto dos dedos directo, resbalan en su jugo espeso. Ella grita bajito, ‘¡Joder, fóllame con los dedos, más profundo!’. Bombean rápido, clítoris hinchado lo froto con el pulgar, su coño aprieta, sonidos chapoteantes llenan la sala. La giro, culo arriba, se lo abro, lengua en su ano primero, luego coño entero, lamiendo hasta el fondo, saboreando su lefa salada.
El clímax brutal y el regreso al curro
‘Quiero tu coño en mi cara’, jadeo. Se pone a horcajadas, 69 perfecto. Su clítoris en mi boca, lo mama como loca, yo la follo con la lengua, dedos en su culo apretado. ‘¡Me corro, María, no pares!’, grita ahogada. Chorros calientes me inundan la boca, trago todo, mi orgasmo viene brutal, piernas temblando mientras ella me lame el coño hinchado, tres dedos dentro rompiéndome. Sudor, gemidos, olor a sexo puro, mesas crujiendo. Casi nos pillan, voces fuera, pero el pestillo aguanta.
Al final, jadeantes, cuerpos pegajosos. ‘Joder, Lucía, ha sido brutal’, digo limpiándome la boca. Ella sonríe, ‘Nunca tan bien follada’. Nos arreglamos rápido: blusas planchadas con manos, tangas subidas, pelo en su sitio. Expedientes al suelo recogidos como si nada. Salimos, caras serias, ‘Venga, volvamos al curro’. En la oficina, miraditas cómplices, pero tecleando informes normales. Adrenalina aún en las venas, coño palpitando. Mañana, repetimos seguro.