Trabajo en una oficina cutre en el centro de Madrid. Hoy… uf, hoy ha sido de locos. Mi compañero Javier y yo llevamos semanas tonteando. Él, con esa sonrisa pícara, y yo… yo soy una puta viciosa que adora el riesgo. Estábamos revisando expedientes en mi mesa, solos porque los demás en pausa. Nuestras rodillas se rozaban bajo el escritorio. ‘Javi… para, que nos ven’, le susurré, pero mi coño ya palpitaba. Él me miró, ojos clavados en mis tetas bajo la blusa. ‘María, estás mojada, ¿verdad?’, murmuró bajito, su mano rozando mi muslo. Sentí su calor subiendo por mi falda. El corazón me latía fuerte, el aire cargado. Expedientes por todos lados, pero solo pensaba en su polla. Me mordí el labio. ‘Ven… a la sala de archivos’, le dije, voz temblorosa. Cerramos la puerta con pestillo. Espacio privado. Ya nadie nos pillaría… o eso creí. Nos besamos como animales, lenguas enredadas, saliva mezclada. Sus manos en mi culo, apretando fuerte. ‘Quítate la falda, puta’, gruñó. Me la bajé despacio, bragas empapadas. Él se sacó la polla, dura como piedra, venosa, cabezota roja. ‘Mírala, es para ti’. Me arrodillé, olor a macho invadiéndome. Lamí la punta, salada, pre-semen. La chupé honda, garganta apretada, bolas en mi mano. ‘Joder, María, qué boca…’. Gemí con la boca llena, coño chorreando.
Ahora el acto… brutal. Me puso contra la mesa, papeles volando. ‘Abre las piernas, zorra’. Obedecí, coño expuesto, labios hinchados, clítoris duro. Metió dos dedos directos, curvados en mi punto G. ‘¡Ahhh! Javi… eso…’. Presionó fuerte, rápido, mi jugo salpicando. ‘Estás empapada, puta de oficina’. Me corrí gritando bajito, piernas temblando, chorro caliente en su mano. No paró. ‘Ahora mi polla’. Me penetró de un golpe, hasta el fondo, coño estirado al límite. ‘¡Fóllame fuerte!’. Embistió como loco, piel contra piel, sudor goteando. Sus manos en mis tetas, pellizcando pezones. ‘Tu coño aprieta… joder…’. Cambiamos, yo encima, cabalgando salvaje, polla entrando y saliendo, mis jugos por sus huevos. ‘Córrete dentro, lléname’. Él rugió, bombeando semen caliente, profundo. Yo exploté otra vez, uñas en su pecho, cuerpo convulsionando. Olía a sexo puro, coño lleno de corrida chorreando piernas abajo.
La tensión sube entre miradas y papeles
Al acabar… jadeando, sudorosos. ‘Joder, qué pasada’, dijo él, besándome. Nos limpiamos rápido con kleenex, ropa en su sitio. ‘Como si nada, ¿eh?’. Sonreí, coño aún palpitando. Salimos, él con expedientes, yo sentada como una santa. Colegas volviendo, nadie sospechó. ‘¿Todo bien?’, preguntó el jefe. ‘Sí, perfecto’, mentí, sintiendo su semen resbalando. Adrenalina total. Mañana… ¿repetimos?