Follada salvaje en la oficina: mi polvo prohibido con el compañero

Joder, ese día empezó de mierda total. La impresora se jodió justo antes de la reunión importante, y yo corriendo por el pasillo con mis tacones, cargando un carrito lleno de dossiers. De repente, ¡zas! Choco contra Javier, el nuevo del departamento contable. Papeles volando por todos lados, mi cabeza da contra el carrito y siento un golpe en la sien. Me mareo, todo gira.

—Eh, ¿estás bien, Carmen? —me dice él, agachándose rápido, con esa voz grave que me pone nerviosa.

La tensión entre los dossiers y las miradas

Abro los ojos despacio. Javier, moreno, ojos verdes intensos, camisa ajustada que marca sus pectorales. Me toca la cabeza suave, chequea la herida. Huele a colonia fuerte, como a peligro. Sangre tibia me baja por el cuello. Intento levantarme, pero me tambaleo. Él me sujeta por la cintura, firme, y me lleva a mi despacho. Cierra la puerta. Espacio privado ya.

—Quédate quieta, voy a limpiarte eso —murmura, sacando un botiquín de su mochila. Se sienta cerca, demasiado. Su muslo roza el mío. Limpia la herida con alcohol, quema, pero su aliento en mi cuello… uf. Hablamos. Él separado hace poco, yo idem con mi ex. Rupturas frescas, rabia compartida.

—Tu ex era un cabrón, ¿no? —le digo, mientras ordenamos los dossiers desperdigados sobre mi mesa. Nuestras manos se rozan. Miradas que duran demasiado. El aire se carga. Siento mi coño humedecerse solo con su olor.

Él ríe bajito. —Y el tuyo una zorra. Pero mira, aquí estamos… solos.

Nos acercamos más, fingiendo clasificar papeles. Su mano en mi espalda baja despacio. Yo no me aparto. Al contrario, me pego. El corazón me late fuerte, adrenalina de que nos pillen en cualquier momento. La puerta no tiene pestillo, pero joder, eso me excita más.

—Javier… esto es una locura —susurro, pero mis labios ya buscan los suyos. Beso húmedo, lengua dentro, saboreando su saliva.

Sus manos bajan a mi culo, aprietan fuerte. —Me la suda, Carmen. Te quiero ahora.

La tensión explota. Lo empujo contra la mesa, dossiers al suelo. Nos besamos como animales, mordiéndonos.

Me arranca la blusa, botones saltando. Sus dedos en mis tetas, pellizcando pezones duros. Gimo bajito, miedo a que oigan fuera. Él baja mi falda, braga al suelo. Mi coño depilado chorreando, expuesto. Lo miro, polla enorme marcando el pantalón.

—Sácamela, quiero verla —le ordeno, voz ronca.

Se baja el zipper, saca esa verga gorda, venosa, cabezota roja. La agarro, masturbo fuerte. Él gruñe, mete dedos en mi coño. Dos, tres, follándome con la mano. Chorros de jugo por mis muslos. —Estás empapada, puta —dice, y me come la boca.

El acto brutal e intenso sin filtros

Lo tumbo sobre el escritorio, papeles crujiendo. Me subo encima, guío su polla a mi entrada. Empujo, entra de un golpe. ¡Joder, qué llena me deja! Paredes de coño estiradas, rozando clítoris. Cabalgo salvaje, tetas botando. Él agarra mi culo, embiste arriba, huevos golpeando mi ano.

—Fóllame más duro, cabrón —jadeo, uñas en su pecho.

Gime: —Tu coño es una puta gloria, aprieta mi polla.

Cambiamos. Me pone a cuatro patas sobre la mesa, dossiers como colchón. Me abre nalgas, escupe en mi ano, pero va al coño directo. Polla hundiéndose hasta el fondo, plaquitas contra mi clítoris. Me folla brutal, sudor goteando, oficina oliendo a sexo. Siento orgasmos subiendo, coño contrayéndose.

—Córrete dentro, lléname —suplico.

Acelera, gruñe como bestia. Chorros calientes de lefa inundando mi útero. Yo exploto, grito ahogado, jugos mezclados chorreando piernas.

Jadeamos, pegados. Polla aún dentro, palpitando. Besos suaves ahora.

Pero… el reloj. Reunión en cinco minutos. Nos separamos rápido. Limpio con kleenex su semen goteando de mi coño, me visto temblando. Él se sube pantalón, recoge papeles.

—Como si nada —digo, sonriendo pícara.

—Hasta la próxima colisión —guiña él.

Salimos, caras serias. Compañeros ni se enteran. Sentada en la reunión, coño dolorido y lleno de su leche, sonrío. Adrenalina pura. Mañana, más.

Leave a Comment