Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas al recordarlo. Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos abiertos, pero con alguna sala privada para reuniones. Mi hermana gemela, Laura, también curra aquí, en contabilidad. Su marido, Carlos, es el jefe de marketing. Alto, moreno, con esa polla que se nota bajo los pantalones… eh, siempre me ha puesto.
Hoy, como cada jueves, revisábamos informes. Yo al lado de Carlos, Laura enfrente, separada por la mampara de cristal. Nuestras miradas se cruzaban por encima de las carpetas. Él me guiñaba el ojo, yo mordía mi bolígrafo, sintiendo cómo mi coño se humedecía. ‘Marta, pasa esa carpeta’, decía él, rozando mis dedos. Mi hermana charlaba por teléfono, ajena. El aire olía a café y a su colonia, esa que me pone cachonda.
La tensión sube entre carpetas y miradas
De repente, Laura dice: ‘Voy al baño, vuelvo en cinco’. El corazón me late fuerte. Carlos susurra: ‘Sala de archivos, ahora’. Me levanto, piernas flojas, disimulando. Entro en esa habitación pequeña, llena de estanterías metálicas, puerta con pestillo. Él cierra, nos miramos. ‘Joder, Marta, no aguanto más tus miraditas’, dice, acercándose. Su aliento caliente en mi cuello. Le empujo contra la pared, beso su boca, lengua dentro, saboreando su saliva.
Sus manos bajan mi falda, palpando mi culo. ‘Sin bragas, puta’, gruñe. Sí, hoy no llevaba, por si acaso. Me gira, me inclina sobre la mesa polvorienta. Siento su polla dura contra mis nalgas. ‘¿Quieres que te folle aquí? ¿Con tu hermana al lado?’, pregunta. ‘Sí, cabrón, métemela ya’, gimo. Desabrocha su cremallera, saca esa verga gruesa, venosa, con el glande morado brillando de pre-semen.
El polvo intenso y el regreso al trabajo
Me escupe en el culo, frota la punta en mi ano. ‘No… espera…’, digo, pero miento, lo quiero. Empuja, duele al principio, el esfínter se abre despacio. ‘¡Joder, qué apretado tienes el culo!’, jadea. Entra centímetro a centímetro, distendiendo mi roseta. Grito bajito, mordiendo mi puño. Sus huevos peludos chocan contra mi coño mojado. Empieza a bombear, fuerte, salvaje. Plaf, plaf, el sonido de carne contra carne. ‘¡Fóllame más duro, Daniel… quiero tu leche dentro!’, susurro, equivocándome de nombre por la excitación.
Me agarra las tetas por debajo de la blusa, pellizca los pezones duros. Mi clítoris palpita, chorrea jugo por los muslos. Él acelera, gruñendo: ‘Me voy a correr, puta incestuosa’. Siento su polla hincharse, palpitar. Un chorro caliente inunda mi recto, gotea fuera. Yo exploto, orgasmo brutal, piernas temblando, coño contrayéndose sin que me toque.
Se retira despacio, su semen resbala por mi pierna. Me limpia con un kleenex, rápido. ‘Vístete, tu hermana viene’. Nos arreglamos, él se sube la bragueta, yo la falda. Salimos por separado. Vuelvo a mi sitio, cara roja, oliendo a sexo. Laura: ‘¿Qué te pasa, Marta? Estás sudada’. ‘Nada, calor’, digo sonriendo. Carlos pasa carpetas, guiño disimulado. Seguimos trabajando, como si nada. Pero sé que mañana, más.