Follada prohibida en la oficina: mi polvo con Pablo entre expedientes

Trabajo en una oficina cutre, llena de papeles y olor a tinta vieja. Pablo, mi compañero, el del cubículo de al lado. Siempre con esa sonrisa pícara, eh… Desde hace semanas, las miradas se cruzan. Hoy, el jefe nos manda a ordenar el archivo. ‘Venga, vosotros dos’, dice. Entramos, la puerta se cierra mal, pero da igual. El calor aprieta, sudamos ya. Él roza mi culo al pasar con una caja. ‘Perdón’, murmura, pero su mano se queda un segundo de más. Me pongo roja, el corazón late fuerte. Le miro, sus ojos bajan a mis tetas bajo la blusa. ‘Hace bochorno aquí, ¿no?’, digo yo, abanicándome. Él asiente, se acerca. Nuestros brazos se tocan, el roce eléctrico. Siento mi coño humedecerse ya. ‘Pablo… ¿y si nos pillan?’, susurro, pero no me aparto. Él sonríe, pone una mano en mi cintura. ‘Eso es lo que mola, María’. La tensión crece, el aire espeso. Nos miramos fijo, respirando pesado. El espacio se hace privado, solo nosotros entre estanterías polvorientas.

De repente, me empuja contra la pared fría de metal. Sus labios en los míos, beso salvaje, lengua dentro, saboreando su saliva. ‘Joder, te deseo tanto’, gruñe. Le bajo la cremallera, saco su polla dura, gorda, venosa. La agarro, masturbo fuerte, arriba abajo. Él gime bajito, ‘Sí, así, cabrona’. Me sube la falda, mete mano en mi tanga. Dedos en mi coño empapado, resbaladizo. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo. Frota mi clítoris, rápido, me tiemblan las piernas. Yo le aprieto la polla, siento el prepucio correr. Se arrodilla, aparta la tanga, lame mi coño. Lengua en el clítoris, chupando fuerte, mete dos dedos dentro, follándome con ellos. Gimo, ‘¡Ay, Pablo, no pares!’. El riesgo me pone a mil, oímos voces fuera. Él se levanta, me gira, falda arriba. Escupe en mi culo, dedo en el ano. ‘¿Quieres por detrás?’, pregunta. ‘Sí, joder, métemela’. Apoya la polla en mi coño primero, embiste de un golpe, profunda. Siento sus huevos contra mí, follada dura, ritmo bestial. Sale, apunta al culo. Empuja lento, el glande entra, duele rico. ‘Despacio…’, pido, pero él acelera. Me folla el culo, mano en mi clítoris, frotando. Grito ahogado, ‘¡Me corro, coño!’. Él bombea fuerte, ‘Toma, puta de oficina’. Eyacula dentro, chorros calientes llenándome. Yo exploto, coño contrayéndose, jugos bajando piernas.

La tensión subiendo entre miradas y papeles

Sudados, jadeantes, nos separamos. Semen gotea de mi culo, lo limpio con kleenex rápido. ‘Vístete, María, que viene gente’, dice él, riendo nervioso. Me bajo la falda, arreglo el pelo. Él guarda la polla, cierra cremallera. Salimos como si nada, caras serias. ‘Ya está ordenado’, decimos al jefe. Regresamos a los escritorios, yo siento el culo ardiendo aún, coño palpitando. Él me guiña ojo disimulado. Nadie nota nada, pero yo sonrío por dentro. Adrenalina pura, volver al curro como si no hubiera pasado. Mañana… ¿repetimos?

Leave a Comment