Mi polvo prohibido en la oficina: la adrenalina de follar con mi compañero

Ay, chicas, aún tengo el corazón acelerado recordándolo. Ayer en la oficina, con el curro hasta arriba, Carlos y yo nos mirábamos todo el rato. Él es ese compañero de cincuenta, con canas sexys y ojos azules que me derriten. Yo, con mi falda ajustada y blusa sin sujetador, notaba sus ojos clavados en mis tetas. ‘¿Necesitas ayuda con esos informes?’, me dijo bajito, pasando por mi mesa. Su aliento cálido en mi cuello… Uf, se me erizaba la piel.

Estábamos solos en el open space porque los demás en pausa. Yo dudaba, eh… ‘Vale, pero rápido’. Cogió unos dossiers y me hizo un gesto. ‘Ven a la sala de archivos, aquí no hay nadie’. El corazón me latía fuerte, la adrenalina de que nos pillen… Entramos, cerramos la puerta. El espacio era chiquitito, olor a papel viejo y su colonia mezclada. Se acercó, su mano rozó mi cadera. ‘Joder, María, no aguanto más tus curvas’. Yo mordiéndome el labio, ‘Shh, que nos oyen… pero no pares’. Sus dedos subieron por mi muslo, bajo la falda, tocando mi tanga ya húmeda. Gemí bajito, sus labios en mi cuello, mordisqueando. El espacio se volvió nuestro, privado, caliente como un horno.

La tensión sube entre carpetas y miradas calientes

De repente, me giró contra la mesa, replegando mi falda. ‘Quítate las bragas’, gruñó. Dudé un segundo, ‘¿Estás loco? Estamos en el trabajo…’. Pero se las arranqué, mojadas, y se las metí en el bolsillo. Su polla ya dura presionaba contra mi culo. Se bajó la cremallera, saqué su verga gruesa, venosa, palpitante. ‘Mira cómo está por ti’, dijo jadeando. Me abrió las piernas, su dedo entró en mi coño empapado, chapoteando. ‘Estás chorreando, puta’. Yo arqueé la espalda, ‘Fóllame ya, Carlos, métemela toda’. Empujó fuerte, su glande abriendo mi entrada, llenándome hasta el fondo. ¡Joder, qué grosor! Golpeaba mi cervix, plac-plac-plac contra mis nalgas. Sudor goteando, su aliento en mi oreja, ‘Tu coño aprieta como una virgen’. Yo clavaba uñas en la mesa, mordiendo mi puño para no gritar. Cambiamos, me sentó en la mesa, piernas abiertas, él de pie follándome salvaje. Sus huevos chocando mi clítoris, mis tetas botando libres. Chupó un pezón, mordió, yo corrí en chorros, empapando sus muslos. ‘¡Sí, córrete en mi polla!’, rugió. Siguió embistiéndome, sudado, gruñendo como animal. Sentí su polla hincharse, ‘Me vengo, te lleno el coño’. Caliente, espeso, su leche salpicando dentro, goteando por mis piernas.

Uf, jadeando, nos miramos. ‘Joder, ha sido brutal’, susurró limpiándose. Yo bajé la falda, temblando, limpiando con kleenex mi coño rebosante de semen. ‘Vuelve al curro como si nada’, dijo besándome rápido. Salimos por separado, yo primero, sintiendo su corrida escurrir en mis bragas puestas a prisa. En mi mesa, fingiendo teclear, con la cara sonrojada y el olor a sexo flotando. Él pasó, guiño disimulado. Nadie notó nada, pero yo… toda la tarde con el coño palpitando, recordando su polla. La próxima, repetimos.

Leave a Comment