Trabajo en una oficina grande, llena de escritorios y papeles por todos lados. Ayer, tarde ya, nos quedamos solos mi compañero Pablo y yo. Él es alto, con esa mirada que me pone… siempre coqueteando con los ojos. Llevaba una falda ajustada negra, blusa semitransparente, medias de seda y tacones altos. Noté cómo me miraba las piernas cuando me agaché por unos dossiers.
Estábamos revisando informes en la sala de reuniones, puerta cerrada. El aire estaba cargado, eh… sus rodillas rozaban las mías bajo la mesa. ‘¿Calor aquí, no?’, me dijo con voz ronca. Sonreí, crucé las piernas despacio, el roce de las medias sonó suave. Su mano ‘accidental’ tocó mi muslo. Sentí un cosquilleo, el corazón latiendo fuerte. Pensé en el riesgo: cualquiera podía entrar. Eso me excitaba más.
La tensión entre los expedientes y las miradas
Me levanté a por café, pasé rozándole el hombro. Volví, me senté en el borde de la mesa, falda subiendo un poco. Él no quitaba ojo. ‘Me encanta esa falda, te pone… cachonda’, murmuró. Reí bajito, nerviosa. Le toqué el brazo, bajé la mano a su entrepierna. Estaba duro ya. ‘Shh, calla… pero no pares’, susurré. Nos miramos, el silencio pesado, solo el tic-tac del reloj.
De repente, me subí a su regazo. Sus manos en mi culo, apretando. Besos suaves primero, luego lengua dentro, devorándonos. Olía a su colonia, mezclado con mi perfume. Bajó la cremallera de mi blusa, besó mi cuello, mordisqueando. Gemí bajito, ‘Pablo… joder, me mojas el coño’. Él rio, ‘Quiero verte, quítatela’. La sala era nuestra, luces tenues, persianas bajadas.
Lo empujé al sofá de la sala. Me arrodillé, abrí su pantalón. Su polla saltó, gruesa, venosa, la cabeza roja. ‘Mira qué polla más rica’, dije lamiéndome los labios. La chupé despacio, lengua en el glande, succionando. Él gemía, ‘Joder, chúpala más hondo… sí, así’. Le metí los huevos en la boca, lamiendo. Estaba empapada, me toqué el coño por encima del tanga.
El polvo brutal y el regreso al curro como si nada
Me puso de pie, me quitó la falda y el tanga. ‘Qué coño más bonito, depilado…’. Me abrió las piernas en la mesa, lengua en mi clítoris. Lamía fuerte, dedos dentro, ‘Estás chorreando, puta’. Grité suave, ‘¡Come mi coño, no pares!’. Me corrí rápido, temblando, jugos en su boca. Él se levantó, polla tiesa, me penetró de golpe. ‘¡Ah! Qué polla gorda… fóllame duro’.
Me folló contra la mesa, papeles volando. Entraba y salía, chapoteando en mi coño mojado. Le arañé la espalda, ‘Más fuerte, rómpeme el coño’. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, tetas rebotando. Él me chupaba los pezones, mordiendo. ‘Tus tetas son perfectas…’. Luego a cuatro patas, él detrás, azotando mi culo. ‘Mira ese culito… ¿te gusta por el culo?’. ‘Otro día, ahora dame polla en el coño’.
Me corría otra vez, él aceleró. ‘Me voy a correr… ¿dónde?’. ‘En la boca, dámelo’. Me arrodillé, mamó su leche caliente, tragando todo. Gemí, ‘Qué semen más rico…’. Nos besamos, saboreando.
De golpe, oímos pasos fuera. ‘¡Mierda, alguien viene!’. Nos vestimos a toda prisa, riendo nerviosos. Limpiamos rápido los papeles. Entró el guardia, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, terminando’, dijimos serios. Volvimos a nuestros sitios, como si nada. Pero bajo la mesa, su pie rozó el mío. Sonreí. Mañana… más.