Follada salvaje en la oficina: Mi secreto con el compañero

Trabajo en una oficina en Madrid, rodeada de escritorios, impresoras zumbando y el olor a café quemado. Soy María, 35 años, abierta como el primer día de verano. Adoro el riesgo, esa adrenalina de follar donde no se debe. Mi compañero, Javier, alto, con esa barba de tres días que me pone cachonda. Llevamos semanas con miraditas. Él revisa mis informes, yo los suyos. Sus manos rozan las mías al pasar carpetas. ‘¿Esto está bien?’, me dice, y su voz ronca me hace apretar las piernas.

Hoy, viernes tarde, la oficina casi vacía. Jefes en reuniones, compañeros en casa. Estamos solos en la sala de archivos, puerta entreabierta. Ordenamos expedientes viejos, polvorientos. Siento su mirada en mi culo cuando me agacho. Mi falda lápiz sube un poco, noto el aire fresco en los muslos. ‘Joder, María, qué bien te queda esa falda’, murmura, bajito. Me giro, sonrío: ‘¿Quieres ver más?’. Él traga saliva, ojos fijos en mis tetas bajo la blusa. El corazón me late fuerte, coño ya húmedo. Cierro la puerta con llave, clic que suena como un disparo. Espacio privado. Nos miramos, respirando pesado. Su mano en mi cintura, yo en su pecho. ‘Si alguien entra…’, digo, pero él me besa el cuello. ‘Calla, déjame olerte’. Huele a sudor limpio, a hombre. Me sube la falda, dedos en mis bragas. ‘Estás empapada’, susurra. Yo le aprieto la polla por encima del pantalón, dura como piedra. ‘Te la chupo aquí mismo’, le digo, mordiéndome el labio.

La tensión sube entre papeles y miradas

No aguanto más. Le bajo la cremallera, saco esa polla gruesa, venosa, goteando ya. Me arrodillo en la moqueta sucia, olor a papel viejo. La meto en la boca, profunda, lengua en el glande. Él gime: ‘Joder, María…’. Chupo fuerte, saliva chorreando, bolas en la mano. Me pone de pie, me gira contra el archivador. Baja mis bragas de un tirón, las deja en el suelo. Dedos en mi coño, resbaladizo, clítoris hinchado. ‘Estás chorreando, puta’, dice, y me mete dos dedos, bombeando. Gimo alto, tapándome la boca. ‘Fóllame ya, Javier, métemela’. Él no espera, polla en mi entrada, empuja de golpe. Duele un segundo, placer puro. Me folla duro, archivadores temblando, papeles cayendo. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, gruñe. Yo empujo hacia atrás, tetas rebotando. Me gira, me sube a la mesa, piernas abiertas. Polla entra hasta el fondo, coño tragándosela. ‘Más fuerte, rómpeme’, jadeo. Sudor goteando, su aliento en mi cara. Me come las tetas, mordiendo pezones. Cambio, yo encima, cabalgando salvaje, clítoris frotando su pubis. ‘Me vengo, joder…’, grito bajito. Él acelera, ‘Toma mi leche’. Eyacula dentro, caliente, llenándome. Temblo, orgasmo brutal, uñas en su espalda.

Respiro hondo, nos separamos. Semen chorreando por mi muslo, lo limpio con kleenex. ‘Vístete rápido’, digo, riendo nerviosa. Él se sube los pantalones, yo la falda. Recogemos papeles, caras serias. Abro la puerta, aire fresco. ‘Mañana seguimos con los informes’, digo profesional. Él asiente: ‘Claro, como si nada’. Salimos, oficina vacía. Adrenalina aún, coño palpitando. Vuelvo a mi mesa, tecleo como una loca. Nadie nota nada. Sonrío sola. Mañana, más.

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