Estaba en la oficina, rodeada de pilas de expedientes. Otro día de mierda clasificando papeles. Entonces lo vi. Ese tío nuevo, con esa sonrisa… uf, en los ojos. Como si me desnudara con la mirada. Alto, moreno, con esa camiseta ajustada que marcaba todo. Me miró desde el otro lado de la mesa de reuniones. Yo fingí ordenar carpetas, pero sentía su mirada quemándome el culo.
Nos cruzamos en el pasillo. ‘Hola, ¿necesitas ayuda con eso?’, me dijo, señalando mi caja de archivos. Su voz grave, ronca. ‘Ehh… sí, gracias’, balbuceé, sintiendo un cosquilleo entre las piernas. Sus manos rozaron las mías al pasarme la caja. Calor. Electricidad. Joder, ya estaba mojada. Le sonreí, coqueta. Él se acercó más, oliendo a colonia fuerte, a hombre. ‘Ven, te ayudo en la sala de archivos’, murmuró. Mi corazón latía a mil. Sabía lo que venía.
La tensión sube entre los dossiers y las miradas
Entramos en esa sala cutre, llena de estanterías polvorientas. Cerró la puerta. Clic. El espacio se volvió nuestro. Pequeño, oscuro, perfecto para la mierda prohibida. Nos miramos. Silencio pesado. ‘Sabes que te he estado mirando todo el día, ¿verdad?’, dijo, acercándose. Su aliento en mi cuello. ‘Sí… y yo a ti. Eres… jodidamente sexy’. Me empujó contra la pared, sus labios en los míos. Beso salvaje, lenguas enredadas, dientes mordiendo. Sus manos bajaron a mi culo, apretando fuerte. Gemí bajito. ‘Shh, que nos pillan’, susurró, pero su polla ya dura contra mi vientre.
Me levantó la falda, rápido. Dedos en mi tanga, empapada. ‘Joder, estás chorreando’, gruñó. Metió dos dedos en mi coño, follándome con ellos. Arqueé la espalda, mordiéndome el labio. ‘Más… por favor’. Se arrodilló, me bajó el tanga y me comió el coño como un lobo. Lengua plana lamiendo mi clítoris, chupando jugos. Olor a sexo puro, a mi humedad mezclada con su saliva. Jadeaba, piernas temblando. ‘Me vas a hacer correrme ya…’, gemí. Pero no, se levantó, se sacó la polla. Gorda, venosa, cabezota brillante de pre-semen. ‘Chúpamela’, ordenó. Obedecí, de rodillas en el suelo sucio. La metí en la boca, profunda, hasta la garganta. Él gimiendo, agarrándome el pelo. ‘Qué boca de puta…’
El polvo intenso y la vuelta al curro como si nada
No aguantó más. Me puso de pie, me giró, culo en pompa contra la estantería. Escupió en mi ano, frotó su polla. ‘Te voy a follar el culo, ¿lo quieres?’. ‘Sí, métemela toda, cabrón’. Empujó, lento al principio. Dolor placentero, estirándome. ‘¡Joder, qué prieto!’. Entró hasta los huevos, follándome furioso. Plaf, plaf, plaf. Su vientre contra mi culo, sudor goteando. Yo me tocaba el clítoris, empalada en su verga gruesa. ‘Más fuerte… rómpeme’. Él aceleró, bestia. Mano en mi boca para ahogar mis gritos. Sentía su polla hinchándose, palpitando. ‘Me corro… agárrate’. Chorros calientes llenándome el culo, semen espeso chorreando. Yo exploté, coño contrayéndose, jugos por las piernas.
Se quedó quieto un segundo, respirando agitado. Sacó su polla, semen goteando al suelo. Me limpié rápido con kleenex, me subí el tanga. Él se abrochó los pantalones, sonrisa pícara. ‘Ha sido… brutal’. ‘Sí, pero ahora a currar, como si nada’, dije, riendo nerviosa. Abrí la puerta, miré el pasillo vacío. Salimos por separado. Yo a mi mesa, piernas flojas, culo palpitando aún. Él pasó después, guiño discreto. Nadie sospechó. Adrenalina pura, el subidón de lo prohibido. Mañana… ¿repetimos? Estoy a la espera, coño listo para más.