Uf, acabo de recordarlo todo, como si fuera ayer. Trabajo en una oficina abierta, de esas con escritorios pegados y paredes de cristal. Soy Laura, 32 años, abierta como el coño en celo, me encanta el riesgo en el curro. Ese día, Ana y yo estábamos revisando expedientes. Ella, mi compi, con ese bikini mental que lleva siempre, eh… digo, con su falda ajustada que marca el culo redondo. Yo, con mi blusa blanca, pechos libres sin sujetador, tetas firmes rozando la tela.
Nos miramos mientras clasificamos papeles. Sus ojos bajan a mis tetas, yo le guiño. ‘¿Quieres que te ayude con eso?’, le digo bajito, señalando su escote. Ella se ríe, nerviosa, ‘Cállate, loca, que nos ven’. Pero el aire se calienta. Javier, el jefe, pasa detrás, alto, fornido, con esa barba incipiente y pantalón que marca paquete. Nos pilla el rollo, sonríe pícaro. ‘Chicas, ¿reunión en mi despacho?’. Corazón a mil.
La tensión sube entre los expedientes y las miradas
Entramos las tres. Cierra la puerta, baja la persiana a medias. Espacio privado, pero oímos voces fuera. Ana se sienta en la mesa, yo me apoyo, Javier detrás de mí. Sus manos en mis hombros, masajeando. ‘Relájate, Laura’, murmura. Sus dedos bajan, rozan mis pezones duros. Ana nos mira, mordiéndose el labio. ‘Joder, qué morbo’, dice ella. Yo gimo bajito, ‘Sí, pero rápido, que viene el siguiente turno’.
La cosa sube. Javier me baja la blusa, tetas al aire, pezones rosados hinchados. Ana se acerca, pasa crema solar… eh, loción hidratante por mis muslos. ‘Estás seca aquí’, dice juguetona. Sus dedos suben, rozan mi tanga húmeda. Yo abro piernas, poquito, por pudor. Pero no, quiero más. Javier me besa el cuello, mano en mi coño por encima. ‘Estás chorreando, puta’, gruñe.
El polvo brutal y el regreso al curro
No aguanto. Le bajo el pantalón, polla dura saltando, venosa, gorda. ‘Mira qué pedazo’, dice Ana, ojos brillantes. Yo me arrodillo, la agarro, suave al principio, piel tibia. La chupo, labios en el glande, lengua girando. Saliva por todos lados, slurp slurp. Javier gime, ‘Joder, Laura, trágatela toda’. Ana me mira, se toca el coño por debajo de la falda. Yo acelero, boca profunda, garganta abierta, polla golpeando úvula. Sus bolas peludas contra mi barbilla, olor a macho.
Él me agarra el pelo, folla mi boca fuerte. ‘Sí, así, zorra de oficina’. Ana se une, besa sus huevos, lame. Yo siento mi coño palpitar, empapado, chorreando jugos por muslos. Cambio: Ana mama ahora, yo le meto dedos en el coño, tres, cabalgando mi mano. ‘¡Ah, coño, me corro!’, grita ella bajito. Javier no aguanta, polla hinchada, venas pulsando. ‘Me vengo, tragad’. Chorros calientes, espeso, en mi boca. Trago parte, resto chorrea por tetas. Ana lame, golosa.
Yo me corro sola, frotando clítoris, orgasmazo silencioso, piernas temblando. Sudor, olor a sexo por todo el despacho. Respiramos agitados. Javier se sube pantalón, ‘Buen trabajo, equipo’. Ana se limpia labio, yo me abrocho blusa, falda abajo. ‘Volvemos a los escritorios’, digo riendo nerviosa. Salimos, caras rojas, pero profesionales. Nadie nota nada, solo el jefe guiña ojo. Adrenalina brutal, coño aún latiendo todo el día. Joder, qué vicio el curro así.