Uff, acabo de volver del curro y aún me tiemblan las piernas. Trabajo en una oficina grande, de esas con despachos cerrados y vistas a la ciudad. Hoy viernes, nos quedamos hasta tarde cuatro: yo, Pablo mi amante secreto, el nuevo becario Javi, super tímido, y Odette, la secretaria mayor que sale con el padre de Pablo. Supuestamente para cerrar un informe gordo, pero yo sabía que iba a pasar algo heavy.
Pablo ya estaba juguetón, metiendo mano a Odette por debajo de la falda mientras la besaba como loco. Yo miré a Javi, sentado al lado en el sofá de la sala de reuniones. Le puse la mano en el muslo, subiendo despacito. El pobre estaba tieso, no sabía dónde mirar. Veía a su colega magreando a una tía de 50 tacos y ahora su compañera de curro, yo, con la mano en su paquete. Eh… ¿qué coño hacías, Javi?
La tensión sube entre los escritorios
Le susurré al oído, mordiéndole el lóbulo. ‘Relájate, guapo’. Mi mano rozaba su polla por encima del pantalón, pero… nada. Ni dura. Timidez pura. Me acerqué más, le manoseé el bulto mientras lamía su oreja. Nada, el chaval no pillaba. Odette gimoteaba: ‘Ay, perdona, pero el cuerpo manda’. Pablo soltó: ‘No te rayes por ella, le molan las pollas jóvenes. Abre las piernas que te coma el coño’.
Le quitó el sujetador, tetas sueltas, pezones duros. Eso encendió a Javi, sentí su verga crecer bajo mis dedos. Buena polla, eh. ‘Quítame la blusa’, le dije. ‘No, no puedo…’, balbuceó. Bajé su cremallera, saqué su polla tiesa y la apreté. ‘Hoy no soy tu jefa, soy una puta con ganas’. Me abrí la blusa, tetas fuera, grandes y caídas un poco. Le empujé la cabeza contra ellas. Lamía torpe, como un crío. ‘¿Has follado mucho?’, ‘Poquito…’, admitió.
Mientras, Odette se quitó la falda pero se cortaba mirándome. Pablo la lamió el coño hasta que ella se corrió fingiendo. Javi, yo le pajero despacio, jugaba con mi tanga mojada… y zas, se corrió en mi mano. ‘Perdón, perdón…’, semen por todos lados. Odette vio la hora: ‘Me piro, mi marido llama’. Se fue con él. Nosotros solos, Pablo y yo nos reímos a carcajadas.
El polvo brutal e intenso
Nos abrazamos, besos salvajes. Me desnudó rápido, quedé en lencería. Su polla dura rozándome el coño, dedos en mis pezones… me corrí ya, temblando. ‘Fóllame ya’, jadeé. Me puse a cuatro en el sofá, culo arriba. Entró de golpe, polla gruesa llenándome el coño hasta el fondo. ‘¡Joder, qué apretada!’, gruñó. Me agarró las tetas colgantes, pellizcando pezones. Bombeaba fuerte, piel contra piel, sudoroso. Olía a sexo puro, mi coño chorreaba jugos por sus huevos.
‘Más duro, rómpeme el coño’, le pedí. Me dio nalgadas, metió un dedo en mi culo mientras me taladraba. Gemía bajito por si alguien oía, adrenalina a tope. Cambiamos: yo encima, cabalgando su polla, tetas botando. Le chupé el cuello, mordí. Él me abrió el culo, dedo dentro. ‘Córrete dentro, lléname de leche’. Eyaculó chorros calientes, profundo. Yo exploté, coño contrayéndose, gritito ahogado.
Nos quedamos jadeando, su semen goteando. Besos lentos, tiernos. ‘Vístete, hay que acabar el informe’, dije riendo. Nos limpiamos rápido con kleenex, ropa puesta. Volvimos a los ordenadores como si nada, pero mi coño palpitaba aún. Mañana lunes, todo normal. Nadie sospecha mi vicio laboral.