Trabajaba hasta tarde en la oficina, solo quedábamos él y yo. Los fluorescentes zumbaban, olía a café rancio y papeles viejos. Me pilló mirándole el paquete por encima de los dossiers. Sonrió, pícaro. ‘¿Estás listo para lo que te pido?’, le solté bajito, con el corazón acelerado. Sudaba un poco, el frente perlado, el pelo moreno pegado a las sienes. ‘¿Sabes lo que me pone?’, insistí. ‘No…’, murmuró, acercándose. ‘La lengua… en todos lados. Hasta donde no te atreves’. Se quedó quieto. ‘¿Entre mis nalgas redondas?’. Tragó saliva. ‘Los tíos dudan hasta en las ingles…’. ‘Pruébalo’, le reté.
Se acercó más, entre los estantes de archivos. Cerré la puerta del cuarto de copias con pestillo. Silencio. Solo su respiración agitada y la mía. El aire cargado de tinta y sudor. Se quitó la camisa, arrugada. Manos pequeñas bajando por su culo, rozando el pantalón. Olía a sudor fresco, a mar… no, a aftershave mezclado con estrés laboral. Su boca, vodka del almuerzo, pimienta. Y beignets grasientos de la pausa. Dedos pegajosos de azúcar.
La tensión sube entre los expedientes
Nos besamos. Labios pegajosos, dientes chocando. Lenguas tanteando… un poco… para probar. Más hondo. Mordiscos. Su saliva dulzona en mi barbilla. Dedos en su nuca sudada, perfume excitado. Soplo caliente en mi cara. Le chupé el mentón, la nariz. Se rió, forcejeó sin manos. Boca atrapando mi lengua. Matelas… no, el suelo duro crujió. Me arrodillé sobre él. Quité blusa, pechos libres. Pantalón abajo, tanga negra en mano. La olimos, reímos. Olor íntimo, humedad.
Pechos firmes, pequeños. Mordí oreja, lamí mejilla salada. Cuello entre dientes, piel crujiente. Gime bajito. Cuerpo se tensa. Sus uñas en mi espalda baja, arañando. Dolor. Sangre mía en sus labios. Pechos aplastados contra mí. Mi coño… palpitante, contra su vientre. Se mueve. Lo aprieto contra mí.
Me gira, boca abajo sobre cajas de papeles. Espalda fina, salada. Lamo nuca, pelo enredado. Baja… gemido. Pare en nalga. Valle. Nariz entre nalgas. Lengua filtra: cima a abismo. Apreté nalgas, écarté. Se ofrece, manos en caja. Murmura ‘sí…’. Lengua fuerza ano. Calor húmedo, apretado. Sabor acre, prohibido. Lamí arriba-abajo. Dedo osado entra. Salta, mano defiende. Retiro. Espera…
El polvo crudo y el clímax prohibido
Giro. Coño chorreando. Dedos exploran. ‘Condón’, susurra. No quiero su lengua sucia en boca. Pero la atrapo. Tiembla, sudamos. Entro de golpe. Grito ahogado. Hasta fondo. Boca busca mía. Manos en pelo, tira.
Empujo, salgo. Viscosa, apretada. Rasguña espalda. ‘Aaaah…’, jadea. Sangre fina, dolor. Llora quedito. Aprieta más. Fluido y rojo. Muerdo cuello. Tensa, músculos duros. Lágrimas. Juega dentro, salvaje. ‘Condón, porfi…’. Saco, pone. Reentro. Besos. Gritos cortos. Luz tenue, ojos grises fijos. Clímax: se arquea, muslos aprietan polla. Uñas rompen piel. Eyaculo dentro goma, espasmos.
Llora suave. Besos tiernos. Limpio rápido con kleenex. Viste temblando. Corazón latiendo fuerte. Salimos. Él al escritorio, yo al mío. ‘¿Café?’, pregunta normal. Sonrío. Nadie nota. Adrenalina pura. Mañana, mismo jefe.