Follada prohibida en la oficina: mi secreto con el compañero

Trabajo en una oficina abierta, llena de mesas y ruido de teclados. Pablo está al lado, mi compañero desde hace meses. Alto, moreno, con esa sonrisa que me pone cachonda. Hoy, mientras revisamos los dossiers del proyecto, nos rozamos las manos. ‘Perdón’, dice él, pero sus ojos… uf, queman. Siento un cosquilleo en el coño. Levanto la vista, él me mira fijo, mordiéndose el labio. ‘Eh… ¿vienes a la sala de reuniones? Para… repasar esto a solas’, murmura. Asiento, el corazón me late fuerte. Cojo los papeles, camino detrás de él, oliendo su colonia mezclada con sudor de oficina. Cierro la puerta. Clic. Ahora estamos solos.

Nos miramos. Silencio pesado. ‘Pablo… ¿qué coño hacemos?’, digo bajito, pero ya me acerco. Él me agarra la cintura, me pega a su cuerpo. Siento su polla dura contra mi tripa. ‘Joder, no aguanto más tus miraditas’, gruñe. Nuestras bocas chocan, beso húmedo, lenguas enredadas. Sus manos bajan a mi culo, aprietan fuerte bajo la falda. Yo le meto la mano en el pantalón, toco esa verga gruesa, palpitante. ‘Mmm… está como una piedra’, susurro. Él gime, me sube la falda, rasga mis bragas. Dedos en mi coño, ya empapado. ‘Estás chorreando, puta’, dice riendo. Me lame el cuello, muerde suave. Adrenalina por todos lados, ¿y si entra alguien?

La tensión entre los escritorios

Me empuja contra la mesa, papeles vuelan. Me pone de rodillas. ‘Chúpamela’, ordena. Bajo la cremallera, saco su polla gorda, venosa. La lamo desde la base, hasta el capullo rojo. ‘¡Hostia, qué boca!’, jadea. La engullo, chupando fuerte, saliva por todas partes. Él me agarra el pelo, folla mi boca. ‘Trágatela toda’. Me mojo más, meto mano en mi coño, me masturbo mientras le mama. Luego me levanta, me sienta en la mesa. Abre mis piernas. ‘Ahora te como ese coño’. Lengua en mi clítoris, hinchado y sensible. Lametazos largos, chupa mis labios, mete dos dedos dentro, curvados. ‘¡Ahhh… sí, joder, no pares!’, grito bajito. Olor a sexo, a mi flujo dulce y salado. Me corro rápido, tiemblo, le mojo la cara.

El polvo brutal en la sala privada

No espera. Me gira, culito al aire. ‘Te la voy a meter hasta el fondo’. Siento su glande en mi entrada, resbaladizo. Empuja, ¡zas!, entra toda la polla. ‘¡Qué coño tan apretado!’, gruñe. Folla duro, cachetazos en el culo. Plaf, plaf. Yo me agarro a la mesa, gimo: ‘Más fuerte… fóllame como una perra’. Sudor gotea, su pecho contra mi espalda. Cambiamos, me sube encima, cabalgo esa verga. Subo y bajo, clítoris rozando su pubis. ‘Me vengo… ¡me vengo!’, chilla él. Siento su leche caliente llenándome, chorros potentes. Yo exploto otra vez, coño contrayéndose alrededor de su polla.

Jadeamos. Minutos eternos. ‘Mierda… fue brutal’, dice él, besándome. Nos limpiamos rápido con kleenex, mi coño chorrea semen por las piernas. Me pongo las bragas, falda. Él se sube el pantalón. ‘Como si nada’. Abro la puerta, salimos. Vuelvo a mi mesa, cojo otro dossier. Él pasa, guiña ojo. Nadie nota nada. Sonrío, el coño aún palpitando. Mañana… ¿repetimos?

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