Mi follada prohibida en la oficina: el riesgo que me volvió loca

Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo hasta las tantas. Hoy solo quedamos Miguel y yo, mi compañero ese que me pone cardíaca con sus ojos oscuros. Estamos revisando expedientes en mi mesa, rozándonos los brazos sin querer… o queriendo. ‘Ana, pasa esa carpeta’, dice él, y su voz grave me eriza la piel. Le miro de reojo, su camisa ajustada marcando pecho. Siento el calor subiendo, mis pezones endureciéndose bajo el sujetador. Él nota, sonríe pícaro. Mi mano roza su muslo al estirarme, dura ya bajo el pantalón. ‘Joder, Miguel, ¿qué nos pasa?’, susurro riendo nerviosa. Él se acerca, aliento en mi cuello: ‘Tú lo sabes, zorrita’. El corazón me late fuerte, la puerta cerrada pero oímos pasos lejanos. Adrenalina pura. Necesito mear, las ganas aprietan. ‘Voy al baño un segundo’, digo levantándome. Él me agarra la mano: ‘¿Te acompaño?’. Dudo, roja: ‘Eh… vale, pero rápido’. Nos colamos en el baño unisex, cerrojo echado. El espacio chiquito, espejo empañado, olor a desinfectante mezclado con mi excitación.

Me bajo la falda, tanga al lado, me siento en el váter frío. Él se arrodilla delante, ojos fijos en los míos. ‘Abre las piernas, Ana’, murmura. Empiezo a mear, chorro fuerte salpicando, caliente contra sus dedos que ya rozan mi coño hinchado. ‘Joder, qué mojada estás’, dice oliendo mis labios mayores, pelitos empapados. Sigue el pis goteando, él mete dos dedos dentro, remueve mi humedad mezclada. Gimo bajito, ‘Miguel, para… no, sigue’. Mi clítoris palpita, lo pellizca suave. Termino, papel no hace falta, lame directo. Su lengua chupa mi coño, sorbiendo todo, ano incluido. ‘Sabes a puta en celo’, gruñe. Me tiemblan las rodillas. Le bajo la cremallera, polla tiesa salta, venosa, goteando pre-semen. ‘Chúpamela’, pide. Me arrodillo en el suelo sucio, boca abierta, engullo hasta la garganta. Sabe salado, dura como piedra. Cabeceo rápido, bolas peludas en mi barbilla, saliva chorreando. Él gime ‘Sí, así, cabrona’. Me pone contra el lavabo, falda subida, tanga rota. Escupe en mi culo, dedo en ano abriéndome. ‘Te voy a follar el ojete’, dice. Empuja polla, duele rico, entro despacio. ‘¡Aaaah!’, grito ahogado. Me taladra, cachetes rebotando, coño vacío chorreando. Cambio, me gira, piernas en alto: ‘Ahora el coño, métemela toda’. Polla resbaladiza entra fácil, folla duro, pellizca tetas. ‘Me corro, joder’, jadea, semen caliente inunda mi útero. Yo exploto, squirt salpica suelo, uñas en su espalda.

La tensión subiendo entre papeles y miradas

Sudados, jadeantes, nos miramos en el espejo. ‘Vístete rápido, alguien viene’, susurra él. Limpio con papel mi coño goteante, semen bajando por muslos. Subo falda, pelo revuelto, labios hinchados. Salimos por separado, yo primero. Vuelvo a mi mesa, piernas temblando, olor a sexo en piel. Él llega minutos después, cara seria: ‘¿Seguimos con los expedientes?’. Asiento, ‘Claro, ¿dónde nos quedamos?’. Fingimos normal, pero bajo mesa su pie roza mi tobillo. Sonreímos cómplices, el secreto quema. Mañana más, pienso, la adrelina no para.

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