Mi polvo salvaje en la oficina: el ingeniero y yo solos con la puerta cerrada

Trabajo en una empresa de construcción en Madrid, soy Ana, la de facturación. Tengo 29 años, rubia con tetas de pera, 90C, y un coño que se moja con solo una mirada. Me flipa el riesgo en el curro, esa adrenalina de que te pillen follando. Eh… un viernes a las 11:30, Pablo, el ingeniero nuevo, alto, musculoso, entra en mi despacho. ‘Ana, hay un lío con las facturas del puente de Sevilla, ¿me ayudas?’. Sus ojos se clavan en mi escote, yo en su paquete abultado bajo los pantalones. Nos sentamos pegados, rozando piernas. ‘Mira, aquí… ups’, digo, y mi mano roza su muslo. Él sonríe, pícaro. El aire se carga, huele a café y a su colonia fuerte. Pasos en el pasillo, nos callamos, pero seguimos. ‘Pablo, esto… me pone nerviosa’, susurro. Él cierra la puerta con pestillo, clic. Ahora sí, espacio nuestro. Se acerca, me besa el cuello, mordisquea. ‘Joder, Ana, desde que te vi…’. Sus manos suben por mi falda, tocan mis bragas ya húmedas. Yo le desabrocho la camisa, siento su pecho duro. Tetitas fuera del sujetador, él las chupa, lengua en los pezones. ‘Ahh… despacio, que oigan’, gimo bajito. Pero no paramos, adrenalina a tope.

Ya no hay vuelta atrás. Me sube a la mesa, aparta papeles. Facturas volando. Baja mis bragas, ‘Mira qué coño tan chulo, mojado para mí’. Separa mis labios grandes, lame el clítoris hinchado. ‘Umm, sabe a miel’. Lengua dentro, chupando fuerte, yo me retuerzo, ‘¡Joder, Pablo, sí, así, métela más!’. Piernas temblando, casi grito, pero muerdo mi labio. Él se pone de pie, polla fuera: gruesa, venosa, 20 cm duros. ‘Chúpamela, puta de oficina’. Me arrodillo, saliva goteando, la engullo. Cabeza hasta la garganta, ‘Glug glug’, masturbo la base. Él gime, ‘Qué boca, cabrona’. Me levanta, me abre de piernas sobre el escritorio. ‘Te voy a follar como una perra’. Golpe, polla entra entera en mi coño apretado. ‘¡Aaaah, qué gorda, me parte!’. Empieza a bombear, rápido, piel contra piel, plaf plaf. Sudor chorreando, mesas temblando. ‘Más fuerte, rómpeme el coño’, pido. Él me agarra tetas, pellizca pezones. Cambio: yo a cuatro, él detrás, polla en el culo? No, coño primero. Dedo en ano, ‘¿Quieres por detrás?’. ‘Sí, pero despacio… aaaah’. Lubrica con mis jugos, entra lento. ‘Joder, qué prieto’. Me folla anal, bolas golpeando clítoris. Yo me corro, chorro saliendo, ‘¡Me vengo, coño, sííí!’. Él acelera, ‘Me corro dentro’. No, fuera, semen en mi espalda, caliente.

La tensión sube entre facturas y caricias robadas

Eyaculación, jadeos. Rápido, nos limpiamos con kleenex. ‘Joder, ha sido brutal’, dice él, besándome. Me visto, falda arrugada, bragas húmedas puestas. Abro puerta, pasillo vacío, suerte. Vuelvo a mi silla, él al suyo enfrente. ‘Vale, las facturas… ¿dónde íbamos?’. Sonreímos, como si nada. Corazón a mil, coño palpitando aún. Por la tarde, miradas cómplices. Nadie sospecha. Pero yo sé: la próxima, en la sala de reuniones. Ese subidón… adictivo.

Leave a Comment