Follada prohibida en la oficina: mi aventura con el jefe calvo

Trabajo en esta oficina de mierda desde hace dos años. Soy María, 35 tacos, rubia, con curvas que no paso desapercibida. Mi jefe, Javier, cuarentón avanzado, calvo incipiente, panza de birra… pero joder, qué ojos tiene. Siempre me mira el culo cuando paso con los informes. Ayer, jueves, tarde de locos con deadlines. Estoy en su despacho entregando carpetas, el aire acondicionado falla, hace bochorno. Sudor en el cuello, blusa pegada a las tetas.

—María, quédate un rato, revisamos esto —dice, voz ronca, cerrando la puerta. El clic del pestillo me pone la piel de gallina. Se acerca, huele a colonia barata y deseo. Nuestras manos se rozan en los papeles. Levanto la vista, sus ojos clavados en mis labios. —Joder, Javier, ¿qué pasa? —susurro, pero no me aparto. Él traga saliva, mano en mi cintura. —Siempre me pones cachondo con esa falda. El corazón me late fuerte, oigo voces fuera, colegas pasando. Adrenalina pura. Me empuja contra el escritorio, labios en mi cuello. Mordisquea suave. —Shh, calladita, que nos pillan —murmura. Le desabrocho la camisa, pelo en el pecho, sudor salado en la lengua. Sus dedos bajan la cremallera, tanga al suelo. El espacio se cierra, solo nosotros, el zumbido del PC de fondo.

La tensión entre carpetas y miradas calientes

Ya no hay vuelta atrás. Me sube a la mesa, papeles vuelan. Abre mis piernas, clítoris hinchado pidiendo guerra. —Qué coño tan mojado, puta —gruñe, lengua plana lamiendo desde el ano hasta arriba. Gimo bajito, mano en su calva, empujando su cara. Dedos dentro, dos, tres, jugando con la pared fina, rozando el culo. Me corro rápido, jugos chorreando en su barba. Él se levanta, polla fuera: gorda, venosa, media erecta. La chupo, apenas cabe, saliva goteando. 69 en el suelo, alfombra áspera en la espalda. Su ano peludo en mi nariz, lengua metida, él devorando mi coño. —Para, voy a correrme —jadea. Se pone un condón, y… joder, un anillo tailandés con protuberancia vibrante. —Pruébalo, te va a volver loca.

El polvo brutal y el regreso al curro como si nada

Me monta a lo amazona. Deslizo el coño por su verga, el glande abre paso, lleno hasta el fondo. Follas contra muslos peludos. Subo, bajo… ¡vibración! El bulto roza mi clítoris, eléctrico. —¡Sí, joder, ahí! —grito ahogado. Basculó pelvis, clítoris palpitando. Sus manos aprietan tetas, pezones duros como piedras, pellizca hasta doler. Me follo sola, clapotear de mi lefa en su polla. —¡Me corro, cabrón! —chorro húmedo, no fontana pero empapa todo. Él aguanta, gracias al condón. Lo saco, quito goma, le meneo, lengua en glande. Siente venir, aparto, leche en su panza. Regusto amargo, aún no confío del todo.

Sudados, jadeantes. Oigo pasos fuera, ¡mierda! Nos vestimos a toda hostia. Tanga mojada, falda arrugada. Él se abrocha, yo recojo papeles. —Vuelve al curro, como si nada —dice guiñando. Salgo, piernas temblando, coño palpitando. Vuelvo a mi mesa, tecleo informes, sonrisa tonta. Javier pasa, mirada cómplice. Nadie nota nada. Adrenalina total, quiero más. Mañana, ¿repetimos?

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