Mi prima noctis en la oficina: follada salvaje con el nuevo jefe

Ay, chicas, os cuento lo que me pasó ayer en la oficina. Trabajo en una gestoría cutre, papeleo hasta las narices. Llega el nuevo jefe, Berto, alto, moreno, con esa mirada que te calienta la entrepierna. Me recuerda a un caballero medieval salvador, pero en traje barato. El viejo cerdo del anterior director me tenía harta, me acosaba con sus chistes sucios y deudas inventadas para tenerme agarrada.

Estábamos solos en la sala de archivos, ordenando carpetas polvorientas. El aire cargado, huele a papel viejo y su colonia fuerte. Nuestras manos se rozan al coger el mismo expediente. ‘Perdón…’, digo yo, pero él me mira fijo, ojos grises clavados en mis tetas bajo la blusa. Siento el calor subiendo, pezones duros. ‘No pasa nada, Ali… puedes llamarme como quieras’, murmura, voz ronca. El espacio se cierra, la puerta entreabierta, voces lejanas de compañeros. Corazón latiendo fuerte, adrenalina pura. Me arrima a la estantería, su aliento en mi cuello. ‘Sabes que el viejo te quería joder el sueldo, ¿no? Yo te protejo… pero a cambio…’. Hago que sí con la cabeza, mordiéndome el labio. Sus dedos bajan por mi falda, rozan el culo. ‘Aquí mismo, prima noctis, mi derecho como jefe’, susurra, y yo… joder, me mojo al instante.

La tensión sube entre carpetas y miradas

Nos metemos en el cuartito de atrás, puerta cerrada con pestillo. Luz tenue, olor a tinta y sudor. Me empuja contra la mesa, blusa arrancada, tetas al aire. ‘Joder, qué pechos tan perfectos’, gruñe, chupando un pezón duro como piedra. Gimo bajito, ‘Berto… nos van a pillar…’. Él ríe, ‘Mejor, la emoción’. Baja mi falda, tanga a un lado, dedos en mi coño empapado. ‘Estás chorreando, puta cachonda’. Meto mano en su pantalón, saco la polla gorda, venosa, tiesa como hierro. ‘Mmm, qué verga más grande’, digo lamiéndome los labios. Me arrodillo, la chupo profunda, saliva goteando, bolas en la mano. Él gime, ‘Sí, trágatela toda, zorra de oficina’.

El polvo brutal y sin filtro

Me pone a cuatro patas sobre cajas de papeles, polla rozando mi raja. ‘Pídemelo’, ordena. ‘Fóllame, joder, métemela ya’, suplico, culo en pompa. Embiste de golpe, coño lleno, estirado al máximo. ‘¡Ahhh! Qué polla más dura!’, grito ahogado. Bombea fuerte, huevos chocando contra mi clítoris, sudor resbalando. ‘Tu coño aprieta como puta virgen’, jadea, pellizcando tetas. Cambio, me monta encima, cabalgo salvaje, polla hundiéndose hasta el fondo, jugos por sus muslos. ‘Me corro… ¡no pares!’, gimo, orgasmo explotando, cuerpo temblando. Él acelera, ‘Toma mi leche, dentro’, y eyacula chorros calientes, llenándome el útero. Quedamos pegados, jadeos, olor a sexo puro.

Minutos después, nos recomponemos. Falda arriba, blusa abotonada, polla guardada. ‘Vuelve al curro, como si nada’, dice guiñando. Salimos, sonrisas normales, compañeros ajenos. Él grita ‘¡Reunión en 5!’, yo asiento, coño goteando semen por las piernas. Adrenalina brutal, sonrisa pícara. Mañana… repetimos. ¿Quién dijo que el trabajo es aburrido?

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