Trabajo en una oficina cutre en el centro, de contable, ya sabes, papeleo eterno. Tengo 35 tacos, casada en teoría pero viuda hace años, llevo la alianza por costumbre, pa espantar moscones. Moreno, tetas grandes, culito prieto, me pongo faldas ajustadas pa moverme. Él es mi compañero nuevo, alto, fuerte, ojos verdes que me taladran. Lo vi primero en la cafetería de enfrente, tomando café, mirándome de reojo. Sonreímos, pero nada más.
Al principio, solo saludos en el pasillo. ‘Buenos días, guapa’, dice con voz grave. Yo: ‘Eh… hola’. Luego, en la sala de archivos, entre estanterías llenas de dossiers polvorientos. Nuestros brazos se rozan buscando papeles. Siento su calor, su olor a hombre, colonia mezclada con sudor. ‘Perdón’, murmura, pero su mano se queda un segundo de más en mi cintura. Me pongo roja, el coño me palpita. ‘No pasa nada…’, balbuceo, mordiéndome el labio.
La tensión sube entre miradas y expedientes
Días así. Miradas en las reuniones, yo cruzo las piernas pa disimular lo mojada que estoy. Él se ajusta los pantalones disimuladamente, su paquete marca polla gorda. Una tarde, el jefe nos manda juntos al archivo del fondo, puerta que cierra sola. Espacio privado, eh. Luces fluorescentes zumbando, olor a papel viejo y humedad. ‘Necesito el expediente del 2023’, dice acercándose. Nuestros cuerpos casi pegados. Siento su aliento en mi cuello. ‘Aquí… está’, digo temblando, rozando mi culo contra su bragueta. Dura como piedra. ‘Joder, Alice…’, gime bajito. Me giro, lo miro: ‘Shh, nos pueden oír’. Pero ya le meto mano por encima del pantalón, palpando esa verga tiesa, gruesa, latiendo.
No aguanto más. Lo empujo contra la estantería, le bajo la cremallera de un tirón. ‘¡Coño, qué prieta estás!’, gruñe sacándome las tetas del sujetador. Me chupa los pezones duros, mordisquea, me duele rico. Yo le saco la polla: enorme, venosa, cabeza morada brillando de pre-semen. ‘Métemela ya’, le suplico, bajándome las bragas empapadas. Me sube la falda, me abre las piernas contra el cajón. Siento la punta en mi coño chorreante, resbaladizo. Empuja fuerte: ‘¡Aaaah!’, grito ahogado. Me llena entera, me parte en dos, folla como animal, embiste profundo, bolas golpeando mi culo.
El polvo intenso y el regreso al curro
‘¡Más fuerte, joder!’, jadeo, clavándole las uñas en la espalda. Sudamos, papeles caen al suelo. Su polla me raspa el clítoris cada entrada, me corro ya, coño contrayéndose, chorros calientes bajando por mis muslos. ‘¡Me vengo, puta!’, ruge él, acelerando, follándome brutal, sin condón, piel contra piel. Siento su leche explotar dentro, chorros espesos, calientes, inundándome el útero. Me tiemblan las piernas, me agarro a él, besos salvajes, lenguas enredadas, saliva.
Paramos jadeando. ‘Hostia… qué pasada’, dice él limpiándose la polla con mi braga. Yo me bajo la falda, arreglo el pelo revuelto, recojo papeles. ‘Vuelve al curro como si nada’, le digo guiñando. Salimos por separado, yo primero, cara de póker. En mi mesa, piernas flojas, coño goteando su corrida aún. Él pasa, me sonríe: ‘Buenas tardes’. Yo: ‘Sí…’. Adrenalina pura, el miedo a que alguien oliera el sexo. Mañana, más.