Follada prohibida en la oficina: mi secreto con el compañero de al lado

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y jefes que no paran de dar por culo. Yo soy María, 45 años, divorciada hace poco. Mi compañero de al lado, Javier, casado, pero con esa mirada que te come entera. Empezó con tonterías. Pasábamos archivos de un lado a otro, rozando manos. ‘Cuidado con ese dossier, eh’, me decía guiñando el ojo. Yo sentía el calor subiendo por las piernas.

Un día, fin de jornada, todos se van. Quedamos solos revisando informes atrasados. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa. ‘Joder, María, qué bien hueles hoy’, murmura él. Levanto la vista, sus ojos clavados en mi escote. El corazón me late fuerte. ‘¿Quieres ver más?’, le suelto, mordiéndome el labio. Se acerca, su aliento en mi cuello. ‘Aquí? ¿Estás loca?’, dice, pero su mano ya aprieta mi muslo.

La tensión sube entre papeles y miradas calientes

Nos miramos, el silencio de la oficina amplifica todo. ‘Ven’, le digo, levantándome. Lo arrastro al despacho del jefe, vacío. Cierro la puerta con pestillo. ‘Shhh, no hagas ruido’. Nos besamos como animales, lenguas enredadas, saliva mezclada. Siento su polla dura contra mi vientre. ‘Joder, Javier, la tienes enorme’, gimo bajito.

Le arranco la camisa, botones volando. Él me sube la falda, rasga mis bragas. ‘Estás empapada, puta’, gruñe. Me gira, me apoya en el escritorio. Papeles por el suelo. Su dedo entra en mi coño, luego dos, follándome con la mano. ‘¡Ah! Más… pero rápido, que nos pillan’, jadeo. Saco su polla, gruesa, venosa, palpitante. La chupo un segundo, saliva goteando. ‘Mmm, sabe a hombre’.

El polvo brutal en el despacho vacío

Me penetra de golpe. ‘¡Coño! Duele rico’, grito ahogado. Empieza a bombear, fuerte, profundo. Plaf, plaf, contra mi culo. Siento sus huevos golpeando mi clítoris. ‘Fóllame más duro, cabrón’, le pido. Él me agarra las tetas, pellizca pezones. Mi coño chorreando jugos por sus muslos. Cambio de posición, me subo a la mesa, piernas abiertas. Entra de nuevo, mirándome a los ojos. ‘Me vas a hacer correr, María’. ‘Córrete dentro, lléname de leche’.

El escritorio cruje, riesgo de que alguien vuelva. Adrenalina pura. Su polla hinchada, rozando mi punto G. ‘¡Voy a… ahhh!’, exploto, coño contrayéndose, chorros saliendo. Él gruñe, ‘¡Toma, puta!’, y descarga chorros calientes en mi útero. Semen goteando por mis piernas. Nos quedamos jadeando, sudorosos, olor a sexo impregnando el aire.

‘Joder… ha sido brutal’, dice él, besándome. Nos limpiamos rápido con kleenex, recogemos papeles. Me bajo la falda, él se abrocha el pantalón. ‘Como si nada, ¿eh? Mañana más’. Salimos por separado, luces apagadas. Al día siguiente, buenos días normales, pero bajo la mesa, su pie roza el mío. Sonreímos. Nadie sospecha. El secreto nos une más. Cada mirada promete otro polvo. Trabajo normal, pero con el coño palpitando de recuerdos.

Leave a Comment