Menottes en la Oficina: Mi Polvo Prohibido con el Jefe Casado

Trabajo en una oficina de seguros, rodeada de trajeados. Ese 14 de febrero, San Valentín, organizamos un intercambio de regalos entre colegas. Yo, la soltera viciosa de 42, saqué al jefe, Marcos, casado con Laura, también secretaria aquí. Todos en los cuarenta, cachondos pero reprimidos.

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Le regalé unas esposas de acero, bien pesadas. ‘¿Para qué?’, balbuceó él, rojo como un tomate, mientras las enseñaba. Risas nerviosas, miradas de ‘esta tía está loca’. Laura sonrió tensa, pero vi el brillo en sus ojos. Nada más pasó esa noche, volvimos a los informes.

La tensión sube entre carpetas y miradas

Semanas después, tarde ya, entro en su despacho a dejar unos dossiers. Está solo, Laura en una reunión fuera. ‘Pasa, siéntate’, dice, con esa voz grave. Nos miramos… uf, la electricidad. ‘¿Y las esposas?’, suelta de repente, nervioso. ‘Como tú quieras, Marcos’, le digo, clavándole los ojos. Traga saliva, mira el reloj. ‘Laura llega pronto…’. Pero su paquete crece en los pantalones.

Me acerco, le rozo el brazo. ‘¿Te mojaste con eso, eh?’. Asiente, sudando. Saco las esposas del bolso –las traje por si acaso–. ‘Prueba’. Dudando, clic-clac, me pone las manos atrás. Mi blusa se abre, tetas al aire casi. Respiro hondo, pezones duros. Él me mira como un lobo, pero frena. ‘Joder, qué tetas…’. Le pido un sorbo de su copa, me moja el escote adrede. Líquido dulce por mi piel, goteando a los pechos.

De golpe, abre mi blusa, baja el sujetador. Chupa mis tetas, lengua caliente, mordisquea el piercing del pezón. ‘¿Te pone?’, gimo. ‘Me la pone durísima’, confiesa. Abro las piernas sobre el escritorio, sin bragas, coño empapado. ‘Mira cómo estoy de puta’. Él jadea, pero… ruido de llaves. ‘¡Mierda, Laura!’.

Intenta taparme, pero mis tetas no entran. ‘Dile que venga, que te folle conmigo delante. Vamos, invita’. Se queda parado, polla tiesa. Va al pasillo, murmullos. Vuelve con venda en la mano. ‘Está de acuerdo, pero a mi manera’. Me venda los ojos, mete un pañuelo en mi boca. Clic-clac otra vez.

El acto brutal y el regreso al curro

Pasos. ‘Joder, ¿en serio?’, dice Laura. ‘Toca, pero yo mando’. Tira de mi pelo, ríe malvada. ‘¡Venir a por mi marido, zorra!’. Rasga mi blusa, baja el sujetador de golpe. Manos firmes, uñas en mi garganta, amasa mis tetas salvaje. Sus tetas contra las mías, pezones rozando, eléctrico. Baja las manos, abre mi falda. ‘¡Sin tanga, la puta! Coño chorreando’.

‘¿Le excita?’, pregunta Marcos. ‘Fijo’. Bajo las caderas, abro piernas. ‘Mirad mi coño, piercing en el clítoris, labios hinchados, jugos por las tetas. Tocadme, meted dedos’. Laura grita: ‘¡Fóllala, está en celo!’. Él se baja el pantalón, crujido de condón. Polla gorda entra de un golpe en mi coño. ‘¡Aaaah, joder, qué polla!’.

Laura: ‘¡Dale caña!’. Él me taladra, embestidas brutales, escritorio cruje. Yo gimo con la boca tapada, dedo en el culo metiéndomelo sola. Ella se toca: ‘Mira cómo se corre ya’. Primera corrida mía, coño apretando su polla. ‘¡Otra vez!’. Marcos acelera, huevos chocando. ‘¡Me corro!’, saca y eyacula chorros calientes en mi tripa, tetas pringadas de lefa.

Silencio, jadeos. Me quita todo: clic-clac, venda, pañuelo. Limpio con toallitas del cajón, subo sujetador, falda. ‘Un vaso de agua?’, pide él, casual. ‘Gracias, tenía sed’. Laura ya no está, ‘se fue a casa, cansada’. Él me mira nuevo, macho domado. Nos despedimos normales.

Al día siguiente, consejo de equipo. Miradas cómplices. Él pasa por mi mesa después: ‘Vuelve cuando quieras’. Ahora, en cada reunión, me folla en el baño: le chupo la polla hasta las arcadas, le meto dedo en el culo, le araño la espalda, le hago correrse en mi boca. Esas esposas… nuestras ahora.

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