Buff, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Trabajo en esta oficina cutre de contabilidad, yo soy la nueva, la que hace los recados y apila expedientes. Mi jefa, María, es una tía de unos 40, curvas de infarto, pelo negro suelto y esa mirada que te desnuda. Al principio, todo profesional: ‘Pásame el dossier azul, cariño’, me dice con voz ronca. Pero desde hace una semana, las cosas cambiaron. Sus manos rozan las mías al darme papeles, se queda mirándome los tetas cuando me agacho. Yo… eh… me pongo roja, pero me excita. Ayer, fin de jornada, todos se van. ‘Quédate un rato, tenemos que revisar unos números’, me suelta. El corazón me late fuerte. Cierro la puerta del despacho, el clic del pestillo suena como un disparo. El aire se espesa, huele a su perfume y a papel viejo.
Se acerca despacio, su falda ajustada marca el culo perfecto. ‘¿Sabes? Llevo días fantaseando con esto’, murmura, y me empuja contra la mesa. Sus labios rozan mi cuello, siento su aliento caliente. ‘María, ¿y si nos pillan?’, balbuceo, pero mis manos ya están en su blusa, desabrochando botones. ‘Calla, eso es lo que mola’, responde, y me besa con lengua, salvaje. Sus tetas grandes contra las mías, pezones duros pinchando. Me baja la falda de un tirón, mis bragas ya empapadas. ‘Mira cómo estás de puta, nena’, ríe bajito. Yo tiemblo, el miedo y la calentura me nublan. El despacho da al pasillo, oímos voces lejanas. Adrenalina pura.
La tensión sube entre carpetas y miradas calientes
De repente, me gira, me sube a la mesa entre expedientes que caen al suelo. ‘Abre las piernas’, ordena. Obedezco, coño al aire, chorreando. Se arrodilla, lame mi clítoris despacio, chupando como loca. ‘¡Joder, qué rico tu coñito!’, gime. Meto dedos en su pelo, empujo su cara contra mí. Grito bajito, mordiéndome el labio. Luego me come el culo, lengua dentro, húmeda y caliente. No aguanto: ‘¡Fóllame, por favor!’. Se levanta, se quita las bragas, se sube encima. Nuestros coños se frotan, resbaladizos, clítoris chocando. Jadeamos, sudamos. ‘Más fuerte, puta’, me dice, pellizcándome los pezones. Yo la agarro el culo, meto un dedo en su ano apretado. Ella gime: ‘Sí, así, cabrona’. El roce es brutal, siento su jugo mezclándose con el mío. De pronto, mete dos dedos en mi coño, bombeando rápido, chapoteo obsceno. ‘¡Me corro, joder!’, exploto, contrayéndome, chorros calientes. Ella sigue, hasta que tiembla: ‘¡Ahhh, coño!’. Nos corremos juntas, cuerpos pegados, olor a sexo everywhere.
Un ruido en el pasillo. ¡Mierda! Nos separamos rápido, risas nerviosas. Limpiamos con kleenex, nos vestimos a toda prisa. ‘Vuelve a tu sitio, como si nada’, susurra, guiñándome. Salgo, cara de póker, recojo papeles del suelo. Minutos después, entra el jefe: ‘Todo bien, chicas?’. ‘Sí, perfecto’, digo con voz normalita. María me mira, sonrisa pícara. El resto del día, trabajo normal, pero cada roce de ojos me pone cachonda de nuevo. Mañana… ¿repetimos? La prohibición en la oficina es lo más.