Mi polvo salvaje en la oficina: el riesgo de ser pillada me pone a mil

Ay, chicas, soy Lucía, de 42 tacos, casada con un tío que ya no levanta cabeza por el estrés del curro. Trabajo en una oficina de seguros en Bilbao, papeleo hasta el cuello. Pero yo soy de las que no se conforman, me flipa el morbo del riesgo, esa adrenalina de follar donde no toca y que te pillen. El otro día, nuevo en el equipo: Pablo, 28 años, bombero en sus ratos libres, cuerpo de escándalo, músculos que se marcan bajo la camisa, bronceado de playa. Desde el primer día, chispas.

💸Conviértete en modelo webcamMás del 50 % de los ingresos · Pagos diarios · 60 M de visitas/díaSaber más →

Estábamos en la sala de archivo, rodeados de expedientes polvorientos. Él se agachó a coger una caja, vi su culo prieto… uf, se me mojó el tanga al instante. ‘Lucía, ¿me pasas ese dossier azul?’, dice con voz grave, mirándome fijo a los ojos. Yo, con las bragas empapadas, se lo doy rozando su mano. ‘Joder, qué calor hace aquí’, balbuceo, notando cómo me recorre con la mirada los tetas bajo la blusa. Él sonríe, pícaro: ‘Sí, o quizás sea por ti…’. Silencio pesado, solo el ventilador zumbando. Mi coño palpita, imagino su polla dura contra los legajos.

La tensión sube entre papeles y miradas

Otro día, en mi despacho, puerta entreabierta. ‘Pablo, ayúdame con estos informes, que se acumulan’. Entra, cierra un poco más la puerta, el espacio se hace íntimo de golpe. Se acerca, su olor a hombre me marea. ‘Aquí, mira’, dice, pegado a mí, su muslo roza el mío. Siento su paquete hinchándose contra mi cadera. ‘Mierda, Lucía, no paras de moverte… ¿estás nerviosa?’, susurra, mano en mi cintura. Dudo: ‘Es que… joder, Pablo, eres demasiado tentador para esta oficina de mierda’. Él: ‘¿Y si la cierro del todo?’. Corazón a mil, asiento. Click del pestillo. Ya no hay vuelta atrás.

Sus labios en mi cuello, mordisqueando suave. ‘Dios, qué ganas tenía’, gime. Le desabrocho la camisa, pectorales duros como piedra, pezones erectos. Bajo la mano, su polla ya tiesa, enorme bajo los pantalones. ‘Quítamelo todo’, ordeno, voz ronca. Me arranca la falda, tanga al suelo. ‘Estás empapada, puta caliente’, dice, dedo en mi coño rasurado, chorreando jugos. Gimo: ‘Sí… fóllame ya, cabrón’. Se come mis tetas, succiona pezones hasta doler de placer. Yo le bajo el bóxer: polla gruesa, venosa, cabezona brillante de precum.

El polvo brutal y la vuelta al curro

Me pone sobre el escritorio, papeles volando. ‘Abre las piernas, zorra’. Lengua en mi clítoris, lamiendo voraz, dedos metidos hasta el fondo, chapoteo obsceno. ‘¡Joder, qué coño tan rico!’. Me corro gritando bajito, muerdo mi puño para no alertar a los colegas. Capota puesta, me clava la polla de un empujón. ‘¡Ahhh! Sí, rómpeme el coño’. Me taladra brutal, mesa crujiendo, mis tetas rebotando. Cambio: a cuatro patas, él detrás, nalgadas rojas. ‘Toma polla, puta de oficina’. Me agarra el pelo, embiste profundo, huevos golpeando mi culo. Siento cada vena, me llena hasta el útero. Otro orgasmo, chorro de squirt mojando el suelo.

‘Quiero tu culo’, gruñe. Lubriqué con mi saliva, dedo primero, luego dos. ‘Relájate, guarra’. Gland en mi ojete virgen, duele rico. Entra lento: ‘¡Qué ano tan apretado!’. Me folla el culo sin piedad, mano en mi clítoris. Placer loco, anal brutal. ‘¡Córrete dentro!’, suplico. Él ruge, llena la goma de lefa espesa. Yo exploto otra vez, temblando.

Sudados, jadeantes. ‘Joder, ha sido brutal’, dice él, besándome. Nos vestimos rápido, olores a sexo flotando. Abro la puerta: ‘Vuelve al puesto, que no se note nada’. Él guiña: ‘Hasta la próxima, jefa’. Salgo al pasillo, piernas flojas, sonrisa disimulada. Compañeros preguntan: ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, solo papeleo’. Adentro, coño palpitando, semen goteando… y el curro sigue, como si na.

Leave a Comment