¡Hola! Soy Carmen, 52 años, morena con curvas que aún llaman la atención. Trabajo en un bufete de diseño gráfico aquí en Madrid. Después de meses de teletrabajo por la pandemia, volver a la oficina fue… intenso. Sobre todo con Ana, mi compi de 48, casada, con esa mirada tímida pero hambrienta. Rondita, pechos grandes, siempre con faldas que marcan el culo. Sabía que le gustaban las tías, lo notaba en sus roces ‘accidentales’.
La semana pasada, revisando carpetas en la sala de reuniones. El jefe había salido, solo nosotras dos. El aire estaba cargado, olía a su perfume dulce mezclado con café. ‘Carmen, ¿me pasas esa carpeta?’, dice ella, inclinándose. Sus tetas rozan mi brazo. La miro fijo, sonriendo. ‘Claro, Ana… pero acércate más’. Se sonroja, eh… duda, pero obedece. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa. Siento su calor. ‘Estás sudando’, le digo bajito. ‘Sí… hace calor aquí, ¿no?’. Mentira. Es pura tensión.
La tensión sube entre carpetas y miradas
Sigo pasando papeles, pero mi mano roza su muslo. Ella no se aparta. Al revés, abre un poco las piernas. ‘Ana, ¿qué pasa? Tus ojos dicen más que tus palabras’. Se muerde el labio. ‘No sé, Carmen… me pones nerviosa’. Me río suave. ‘Nerviosa o cachonda?’. Silencio. El reloj tic-tac, cualquier momento alguien entra. Esa adrenalina me moja ya. Cierro la puerta con pestillo. ‘Ahora estamos solas’. Su respiración acelera. Me acerco, le cojo la barbilla. ‘Mírame’. Nuestros labios casi se rozan. ‘¿Quieres que pare?’, pregunto. ‘No… sigue’. Bingo.
La beso fuerte, lengua dentro, saboreando su saliva dulce. Manos en sus tetas, apretando pezones duros bajo la blusa. Gime bajito. ‘Shh, Ana, no hagas ruido’. Le subo la falda, culotte blanco empapado. ‘Mira cómo estás de mojada, puta’. Se estremece. ‘Carmen, por favor…’. Le meto mano, dedos rozando su coño hinchado. Clítoris palpitante. ‘Quítate la braguita’. Obedece temblando, la tira al suelo. Piernas abiertas, coño depilado con labios carnosos brillando de jugos.
El polvo brutal y la vuelta al curro
Me arrodillo, huelo su aroma almizclado, excitante. ‘Ahora te voy a comer el coño como se merece’. Lamida lenta desde el culo hasta el clítoris. Ella jadea, agarra mi pelo. ‘¡Dios, Carmen!’. Chupo fuerte, lengua metida en su raja, saboreando miel caliente. Dos dedos dentro, follándola despacio. ‘¡Más!’. Añado un dedo en su culo apretado. Se retuerce. ‘¡Ahí no!’. Pero empuja caderas. Le branlo el ojete mientras la lamo el clítoris. Grita ahogado. Orgasma brutal, coño contrayéndose, chorros en mi boca. La trago toda, puta golosa.
Ahora ella quiere devolver. Me pone en la mesa, papeles volando. Baja mis pantalones, mi coño peludo y mojado a la vista. ‘Qué rico hueles’. Me lame ansiosa, torpe pero hambrienta. Dedos en mi chocho, tres de golpe. ‘¡Joder, Ana, así!’. Le cojo la cabeza, follo su boca. Mi culo contra la madera fría. Siento el orgasmo subir, piernas temblando. ‘¡Me corro!’. Explotó, jugos en su cara. Ella lame todo, sonriendo traviesa.
Sudadas, jadeantes. Miramos el reloj. ‘Mierda, en 5 minutos reunión’. Rápido: nos limpiamos con kleenex, olor a sexo en el aire. Culotte en bolso, falda bajada. ‘Como si nada’, digo guiñando. Ella asiente, ruborizada. Salimos, caras serias. ‘Gracias por las carpetas, Carmen’. ‘De nada, Ana’. En la reunión, piernas flojas, coño palpitando aún. Nadie nota nada. Pero sus miradas… prometen más. Esa adrenalina, joder, adictiva.