Mi polvo prohibido en la oficina: tensión, follada salvaje y casi pillados

¡Uf, chicas, aún tengo el coño palpitando! Trabajo en un open space de una oficina cutre en Madrid, papeleo todo el día. Mustafá es el nuevo, marroquí guapo, fuerte, con esa mirada que te desnuda. Desde el primer día, entre carpetas y expedientes, nos comíamos con los ojos. Él en su mesa, yo en la mía, justo enfrente. Cada vez que pasaba con un café, rozaba mi hombro… adrede, eh. Sentía su calor, olía su colonia mezclada con sudor. ‘¿Todo bien, Carmen?’, me decía con esa voz grave. ‘Sí… sí, todo’, balbuceaba yo, cruzando las piernas porque ya me mojaba.

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Fin de jornada, todos se van. ‘Oye, Mustafá, ¿me ayudas con estos informes en la sala de reuniones?’, le digo, picarona. Él sonríe, ojos brillantes. Cerramos la puerta, clic del pestillo. Espacio privado al fin. Nos miramos… silencio pesado. ‘Eres… jodidamente sexy’, murmura, acercándose. Su aliento en mi cuello. Le empujo juguetona contra la mesa. ‘Shh, no hagas ruido… aún hay gente’. Pero ya mis manos en su camisa, desabrochando. Él me agarra el culo por encima de la falda. Beso salvaje, lenguas enredadas, saliva chorreando. Siento su polla dura contra mi tripa. ‘Joder, qué grande…’, gimo bajito. La puerta… podría abrirse cualquiera. Adrenalina pura, coño chorreando.

La tensión subiendo entre expedientes y miradas

Ya no hay vuelta atrás. Le bajo los pantalones de un tirón. Su polla salta, venosa, cabezota morada, goteando precum. ‘Métemela ya’, le suplico, subiéndome la falda. Me tumba sobre la mesa, expedientes volando. Manos en mis tetas, pellizcando pezones duros como piedras. ‘Qué tetas tan ricas…’, gruñe. Baja, arranca mi tanga. Lengua en mi coño, lamiendo clítoris hinchado. ‘¡Ahhh, sí! Chúpame más fuerte’. Gimo alto, pierdo control. Dos dedos dentro, follando mi humedad. ‘Estás empapada, puta’. Me corro rápido, chorro en su boca, piernas temblando.

El acto sexual crudo e intenso sin filtros

No espera. Preservativo puesto a toda prisa. Me abre las piernas, polla en mi entrada. ‘¡Fóllame duro!’, grito. Embiste de golpe, hasta el fondo. ‘¡Joder, qué prieta tu concha!’. Me taladra, mesa crujiendo, piel contra piel chapoteando. Cambio: yo encima, cabalgando su verga gruesa, tetas botando. Él me azota el culo. ‘Más, cabrón, rómpeme’. Gritos míos, ‘¡Síii, me vengo otra vez!’. Sudor por todos lados, olor a sexo fuerte. Él debajo, bombeando arriba, huevos golpeando mi culo. ‘Me corro… agárrate’. Lleno el condón de leche caliente. Yo tiemblo, orgasmo brutal, uñas en su pecho.

De repente… ¡TOC TOC TOC! ‘¡Seguridad! ¿Todo bien ahí? Oímos gritos, ¿agresión?’. Corazón en la garganta. Mustafá se esconde bajo mesa, yo me bajo falda a prisa, alisando pelo. Abro un poco: guardia joven, cara de confuso. Yo sudada, labios hinchados, olor a polvos. ‘Eh… no, nada, discusión tonta con un proveedor por teléfono. Ya se calmó. Perdón por el ruido’. Él duda, ‘¿Segura? Si necesita…’. ‘Sí, sí, todo bien. Gracias’. Cierro, piernas flojas. Mustafá sale riendo bajito. ‘Casi la cagas, gritona’. Quickie final: me come rápido, me corro en silencio. Nos vestimos, beso rápido. ‘Volveremos a follar, eh’. Salimos por separado. Vuelvo a mi mesa, como si nada. Informes, emails… pero con el coño lleno de su semen en condón y sonrisa pícara. Nadie sospecha. Día normal. Mañana, más.

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