Follada salvaje en la oficina: Mi polvo prohibido con el crack del equipo

Trabajo en una oficina de marketing, ¿sabes? Ayer fue uno de esos días locos. Habíamos cerrado un proyecto gordo, el jefe estaba contentísimo. Oulmar, no, espera, se llama Marcos, pero en mi cabeza siempre Oulmar por lo bestia que es. Él lideró todo, como un cavernícola moderno con traje. Yo, Zaya, o sea, Zaida, secretaria pero con ganas de más. Le miré durante la reunión, sus ojos… uf, clavados en mis tetas bajo la blusa. Sentí el calor subiendo.

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Los demás aplaudían, pero yo notaba su mirada bajando a mi falda. Haral, o sea, el rival, Miguel, un musculoso del departamento de ventas, me guiñó un ojo. ‘Buen trabajo, Zaida’, dijo, pero su mano rozó mi culo al pasar. Me erizó. Marcos gruñó bajito, como celoso. La oficina bullía, papeles por todos lados, el aire cargado de sudor y café. Yo… me mordí el labio. ‘Ven a los archivos un momento’, le susurré a Marcos cuando el jefe salió. Él dudó, miró alrededor. ‘¿Ahora? Joder…’. Asintió.

La tensión subiendo entre carpetas y miradas calientes

Bajamos al sótano, la sala de archivos. Puertas cerradas, olor a papel viejo y polvo. Luz tenue, estanterías altas como cuevas. Cerré la puerta, pero no con llave, el riesgo… mmm, eso me pone. Nos miramos, tensión eléctrica. Sus manos en mis caderas, yo contra las cajas. ‘Zaida, esto es una locura’, murmuró, pero ya me besaba el cuello. Olía a colonia y macho. Mi coño se mojó al instante, noté la humedad en las bragas. Le bajé la cremallera, su polla saltó dura, gorda, venosa. ‘Joder, Marcos, qué pedazo de verga’. Él rio, nervioso.

Le empujé contra la pared, me arrodillé. La mamé como una puta en celo, lengua alrededor del glande, chupando las bolas. Saliva goteando, él gimiendo ‘¡Coooño, Zaida!’. Le metí un dedo en el culo, como aprendí en mis fantasías salvajes, y se puso a temblar. Luego él me levantó la falda, arrancó las bragas. ‘Mira cómo chorreas, zorra’. Me abrió las piernas sobre una caja, lengua en mi coño. Lamía el clítoris, sorbiendo mis jugos, dos dedos dentro follándome. Yo gemía, ‘¡Sí, chúpame, cabrón!’. Casi me corro, pero le paré. ‘Fóllame ya’.

El polvo bestial y el vuelta al curro como si nada

Me puso a cuatro patas entre las carpetas, polla rozando mi entrada. Entró de un golpe, ¡zas!, llenándome hasta el fondo. ‘¡Aaaah!’, grité bajito, mordiendo mi mano. Me taladraba, huevos golpeando mi culo, sudor chorreando. ‘Tu coño aprieta como una virgen’, jadeaba él. Yo empujaba hacia atrás, ‘Más fuerte, rómpeme’. Cambiamos, yo encima, cabalgando su polla, tetas botando. Le clavé las uñas, él me pellizcó los pezones. Oí pasos fuera, ¡mierda!, adrenalina pura. Apuré, él me dio la vuelta, me folló misionero contra el suelo frío. ‘Me corro’, gruñó. ‘Dentro, lléname’. Eyaculó chorros calientes, yo exploté, coño convulsionando, squirtando un poco.

Nos quedamos jadeando, polla aún dentro, semen goteando. ‘Joder, Zaida…’. Sonreí, besito rápido. Nos vestimos a toda prisa, olor a sexo por todos lados. Limpié con kleenex, él se subió la braga… no, los pantalones. Subimos, caras rojas pero sonrisas falsas. ‘Buen trabajo hoy’, dije en la reunión como si nada. Miguel nos miró raro, pero nada. Volvimos a los ordenadores, yo con el coño palpitando y semen resbalando. El subidón… inolvidable. Mañana, ¿repetimos?

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