Follada prohibida con mi jefa en su despacho: casi nos pillan

Hace unas semanas, en la uni donde curro, notaba que mi jefa, Laura, me miraba de una forma… no sé, diferente. Esos ojos que se clavan en mis tetas cuando creo que no mira, o cómo roza mi mano al pasarme los dossiers. Sé que es bi, todo el mundo lo sabe, y yo… bueno, soy abierta, me flipa el morbo del curro, el riesgo de que nos pillen.

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Ese día me llama a su despacho. ‘Marta, ven un momento, es importante’. Entro, cierro la puerta. Hablamos de presupuestos, pero sus piernas se abren un poco bajo la mesa, su falda sube. Me muerde el labio, yo siento el calor entre las mías. ‘¿Todo bien?’, le digo, pero ya sé que no. Se levanta, se acerca, su perfume me invade. ‘Cierra con pestillo’, susurra. Clic. Ya estamos solas.

La tensión sube entre papeles y miradas

Sus manos en mi cintura, me besa. Joder, qué beso. Lenguas enredadas, salvaje. Siento su coño húmedo contra mi muslo. Me arranca la blusa, yo le bajo la cremallera. En dos minutos estoy en pelotas, solo con tacones, de rodillas en la moqueta. Ella contra el escritorio, falda arriba, tanga a un lado. ‘Lámeme, puta’, gime. Abro sus labios, clítoris hinchado, salado. Mi lengua entra en su chocho chorreante, chupando fuerte. Gime bajito, ‘sí, así, cabrona’.

De repente, el teléfono. Está al borde, agarra mi pelo, me aplasta la cara contra su coño palpitante. ‘¿Sí?’, contesta. Escucha, duda. ‘Vale, dame un minuto con Marta y hazlo pasar’. Cuelga, me levanta rápido. ‘Es el director del ayuntamiento, se me olvidó’. Se pone el tanga, yo busco mi ropa. Pero la zorra coge mi falda y bragas, las mete en un cajón. ‘Dije un minuto, no da tiempo’. Me da solo la camisa vaquera. ‘Quédate así’. Llama a la secretaria: ‘Pasa, que Marta se queda’.

El polvo brutal y el casi descubrimiento

Pánico. Me pongo la camisa a toda hostia, me siento en la silla frente a ella, tirando de la tela hasta las nalgas. Entra el tipo, trajeado. No nos levantamos, menos mal. Se sienta al lado. Habla de proyectos, serio. Pero yo… desnuda debajo, coño al aire, empapada. Laura me pasa una nota: ‘Piernas abiertas, tócate o te echo así’. Joder, no hay opción. Abro las piernas, despacito. Mi mano baja, dedos en el clítoris mojado. Froto suave, ella mira sin pestañear, sonriendo al tío.

Sigue hablando, yo me corro casi en silencio, chocho chup chup. El tipo contesta su móvil un rato, ajeno. Acaba la reunión, se levanta. Yo también, camisa hasta medio muslo, pero sin nada debajo. Me mira raro, aprieta la mano más de lo normal. ‘Hasta pronto’, dice con ojos interrogantes. Sale. Laura cierra, me quita la camisa. ‘Mírate, guarra’. Me pone ante el espejo. ‘Tócate para mí’. Mano en tetas, pellizcando pezones duros, otra en coño, dedos dentro, follando mi humedad. ‘Hazte correr’. Gimo, ‘Laura, joder…’, me corro fuerte, cabeza atrás en su hombro. Sus dedos se unen a los míos, metidos en mi chocho ardiendo, chorreando.

Luego, risas. Me da mi ropa. ‘No más bragas en mi despacho’. Me visto, aún temblando. ‘¿Y si recibes gente?’. ‘Me la suda, algún día te follo con ellos delante’. Besa duro, mano en mi coño fresco. ‘Mira cómo estás de salida’. Me da dedos a chupar, mi jugo dulce. Salgo, piernas flojas, como si nada. Vuelvo a mi mesa, sonriendo. Mañana, más.

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