Ay, chicas, aún me tiemblan las piernas recordándolo. Ayer en la oficina, trabajando hasta tarde con Marcos, el nuevo de proyectos. Alto, musculoso, ojos azules que te desnudan. Estábamos en la sala de reuniones, rodeados de dossiers por todos lados. ‘Pásame ese informe’, me dice, rozando mi mano. Uf, ese toque… eléctrico. Le miro y veo cómo me recorre el cuerpo con la vista. Mi blusa ajustada, falda corta… noto sus ojos en mis tetas. ‘Hace calor aquí, ¿no?’, balbuceo, abanicándome. Él sonríe, se acerca. ‘Sí, mucho’. Nuestras rodillas se tocan bajo la mesa. El corazón me late fuerte. Nadie en la planta, pero el riesgo… dios, me pone cachonda.
Phhh, no sé cómo pasó. Sus dedos suben por mi muslo, despacio. ‘Marcos, espera…’, digo, pero no aparto la pierna. Él: ‘Shh, solo un rato’. Cierro la puerta con pestillo, el clic resuena. Ahora es nuestro espacio. Me empuja contra la mesa, sus labios en mi cuello. Huele a colonia y sudor masculino. Mordisquea mi oreja: ‘Llevo queriendo esto desde la entrevista’. Yo gimo bajito, mis manos en su pecho duro. Desabrocho su camisa, pelo rubio en el torso. Él me quita la blusa, mis tetas saltan libres. ‘Joder, qué pezoncitos duros’, murmura, chupándolos. Picotazos de placer. Le bajo el pantalón… ¡coño! Su polla salta, enorme, venosa, cabezona. Como 25 cm, gruesa. Me mojo al instante.
La tensión sube entre papeles y ojos hambrientos
No aguanto. Me arrodillo, la cojo con las dos manos. ‘¿Te gusta?’, pregunta él, voz ronca. ‘Mmm, es una verga de infarto’, respondo, lamiendo el frenillo. Salado, caliente. La meto en la boca, chupando fuerte, hasta la garganta. Él gruñe, agarra mi pelo. ‘Así, cabrona, trágatela’. Baboseo por todos lados, mis labios hinchados. Me levanto, él me baja las bragas. ‘Mira qué coño mojado’, dice, metiendo dos dedos. Me retuerzo, clítoris hinchado. Me come el chocho como un lobo, lengua girando, succionando. ‘¡Ahhh, joder, no pares!’, grito bajito. Sus dedos follándome, mi zumo chorreando.
El polvo brutal: polla gorda y coño en llamas
No más juegos. Me pone en la mesa, piernas abiertas. ‘¿Estás segura? Es gorda’, dice, frotando la punta en mi raja. ‘Fóllame ya, hostia’, suplico, temblando. Empuja… uf, duele y mola. Me abre en canal, centímetro a centímetro. ‘¡Qué apretada!’, jadea. Llego al fondo, sus huevos peludos contra mi culo. Empieza a bombear, salvaje. Plaf, plaf, la mesa tiembla. Mi coño chilla de placer, lleno a reventar. ‘Más fuerte, rómpeme’, gimo. Él me agarra las tetas, pellizca pezones. Sudor goteando, olores a sexo puro. Cambio: yo encima, cabalgándolo. Su polla me taladra el útero. Me corro primero, espasmos brutales, chillando. Él sigue, ‘Me vengo…’. Chorros calientes inundan mi coño, poquita saliendo.
Uf, uf… nos miramos, jadeantes. ‘Joder, ha sido brutal’, dice él, besándome. Oímos pasos en el pasillo. ‘¡Mierda, alguien viene!’, susurro. Rápido: me pongo la falda, él el pantalón. Limpiamos el desastre con kleenex. Salimos, fingiendo revisar dossiers. ‘¿Todo bien?’, pregunta mi jefa al pasar. ‘Sí, perfectos’, sonreímos. Volvemos a nuestros puestos, como si nada. Pero mi coño palpita aún, y su mirada promete más. Adrenalina total, chicas. Mañana… ¿repetimos?