Uf, qué día de mierda en la oficina. Lunes por la mañana, amargada total. Pila de expedientes por clasificar, el jefe Valois y Hugo soltando órdenes para mañana. Yo, terminando CVs detallados, jodiendo a las compañeras con mis prisas. Al final del día, hecha polvo. Pero… ahí estaba Ana, mi compañera de noche, con esa mirada que me pone la piel de gallina.
Pasé por la salita chunga esa que usamos para papeles privados. Ana y Laura, las dos guapas del turno. Laura, más suelta, con su sonrisa pícara; Ana, tímida pero con curvas que matan. Empezamos a ordenar carpetas. Nuestras manos se rozan… eh… accidental, ¿no? ‘Oye, Ana, pásame ese expediente’, le digo, y mis ojos se clavan en su escote. Ella se sonroja, pero no aparta la vista. Laura suelta una risita: ‘Chicas, esto se calienta, ¿eh?’. El aire se pone denso, olor a café rancio mezclado con su perfume dulce. Siento el corazón latiendo fuerte, la adrenalina de que nos pillen en cualquier momento.
La tensión sube entre los expedientes y las miradas
De repente, Laura cierra la puerta. Clic. ‘Mejor así, ¿no? Para concentrarnos…’. Nos miramos las tres. Ana duda: ‘¿Qué… qué pasa aquí?’. Yo me acerco, le toco el brazo: ‘Nada, solo… relax’. Mi mano sube a su cuello, suave, cálido. Laura se pega por detrás, sus tetas contra mi espalda. ‘Jean no ha venido hoy, pero nosotras podemos jugar’, murmura. Beso a Ana, labios carnosos, sabor a chicle. Ella gime bajito, ‘No… nos van a oír’. Pero su lengua responde. Laura me besa el cuello, mordisquea mi oreja. El espacio es diminuto, mesa llena de papeles, pero nos da igual. Manos por todos lados, faldas subiendo, bragas húmedas ya.
Laura empuja a Ana contra la mesa. ‘Quítate la blusa, preciosa’. Ana obedece, temblando, sus tetas grandes saltan libres, pezones duros como piedras. Yo me arrodillo, levanto la falda de Laura, huelo su coño mojado a través de las bragas. ‘Joder, qué rica’, digo, y se las arranco. Lengua dentro, chupando su clítoris hinchado, salado y dulce. Ella gime: ‘Sí, así, no pares’. Ana me agarra el pelo, me besa con furia. Cambio, ahora Ana abierta de piernas en la silla. Su coño rasurado, rosado, chorreando. Meto dos dedos, follándola lento, mientras Laura le mama las tetas. ‘¡Ay, Dios!’, grita Ana bajito. Mi polla… uf, dura como nunca, la saco, venosa y palpitante.
El polvo intenso y el regreso al curro como si nada
Laura la coge primero: ‘Mmm, qué polla más gorda’. La chupa, lengua en el frenillo, saliva goteando. ‘Cuidado con los dientes, Ana’, le dice riendo. Ana prueba, torpe al principio: ‘¿Así?’. Branla el prepucio, lame el glande. Yo en éxtasis, ‘Joder, sí’. Laura se sube encima, empalándose: ‘¡Aaaah!’, su coño apretado me aprieta, cabalga salvaje, culo rebotando. ‘Cárgame las tetas, Ana’. Ana obedece, besándola. Yo aguanto, pensando en números para no correrme. Cambio: Ana encima, más rápida, descontrolada. Le agarro una teta, aprieto su culo. Laura encima de mi cara, su coño en mi boca, follando mi lengua. Gemidos ahogados, sudor por todos lados, olor a sexo puro. Ana explota: ‘¡Me corro, coño!’, temblando. Laura después, chorros en mi boca. Yo no aguanto, saco la polla y me corro en sus tetas, leche caliente salpicando.
Uf… jadeamos las tres. Rápido, nos limpiamos con kleenex, olor a esperma en el aire. ‘Venga, chicas, como si nada’, digo riendo. Ana se arregla el pelo, roja como un tomate: ‘Esto… ha sido una locura’. Laura guiña: ‘Repetimos, ¿eh?’. Abro la puerta, miro el pasillo vacío. Volvemos a las mesas, expedientes en mano. ‘Buenas noches’, saludo a las demás como si tal cosa. Dentro, tiemblo de puro subidón. Mañana, más curro… y quizás más.