Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo hasta el cuello. Luis, mi compañero del departamento contable, eh… siempre me mira de esa forma. Sabes, con esos ojos que te recorren el culo cuando crees que no ve. Ayer, jueves, tarde muerta, el jefe se piró temprano. Yo archivando facturas en el almacén del fondo, polvoriento, con olor a papel viejo y humedad. Él entra, cierra la puerta mal, dice que busca un dossier antiguo. Nuestras manos se rozan en la estantería alta, su aliento caliente en mi cuello. ‘¿Necesitas ayuda, Carmen?’, murmura, y su voz… uf, ronca, como si ya estuviera cachondo. Yo sonrío, me giro despacio, mi falda plisada sube un poco. ‘Sí, pero no con papeles’, le suelto, mordiéndome el labio. Sus ojos bajan a mis tetas, apretadas en la blusa. El espacio se cierra, eh… nos quedamos solos ahí, entre cajas apiladas, el zumbido del aire acondicionado tapando todo. Me empuja contra la pared fría, sus manos en mi cintura. ‘Joder, Carmen, me vuelves loco desde la pausa del café’, dice, besándome el cuello, mordisqueando. Huele a colonia barata y sudor, me excita. Le meto la mano en el pantalón, siento su polla… larga, fina como un dedo largo, tiesa ya. ‘Mira lo que tienes’, le digo, apretando. Él gime bajito, ‘Es para ti, para tu culo’. El corazón me late fuerte, ¿y si entra alguien? Esa adrenalina… me moja entera.
No aguanto más. Le bajo los pantalones, su verga sale, larga de cojones, delgada pero dura como hierro. Me arrodillo un segundo, la chupo rápido, saliva por todos lados, saboreando ese gusto salado. ‘No, espera’, dice él, jadeando, ‘quiero tu culo ahora’. Me levanto, me bajo las bragas, las dejo colgando en un tobillo. Me giro, manos en la estantería, culo en pompa. Él escupe en su mano, me moja el ojete, frota el glande ahí. ‘Relájate, puta’, murmura, y empuja. Entra fácil, joder, esa longitud fina se cuela sin dolor, directo al fondo. ‘¡Ay, coño!’, gimo, sintiendo cómo me llena las tripas, llegando lejos, rozando sitios que me hacen temblar. Empieza a bombear, lento al principio, saliendo casi toda y metiendo de golpe. El sonido… chap chap húmedo, sus huevos golpeando mis nalgas. ‘Tu culo es mío, Carmen, tan apretado’, gruñe, agarrándome las caderas. Acelera, brutal, me folla el ano como un animal, profundo, sin piedad. Yo me masturbo, dedos en el clítoris hinchado, chorreando jugos por los muslos. ‘¡Más fuerte, cabrón, rómpeme el culo!’, le pido, voz ahogada. Siento cada vena de su polla fina estirándome, hurgando adentro, esa presión loca en el estómago. Sudor goteando, olor a sexo crudo, polla en culo. Él me azota una nalga, ‘Salope de oficina, toma toda mi verga’. Me corro primero, piernas temblando, ano contrayéndose alrededor de su pija, chorros de placer. Él no para, me empala más, ‘¡Me vengo en tu culo, zorra!’. Suelta todo, caliente, llenándome el recto, gimiendo fuerte. Joder, lo siento chorrear dentro, espeso, saliendo un poco cuando se retira.
La tensión que sube entre carpetas y miradas
Uf… nos quedamos jadeando, su semen bajando por mi pierna. ‘Rápido, vístete’, dice él, limpiándose con un trapo viejo. Yo me subo las bragas, sintiendo el culo abierto, húmedo, ese vacío post-follada. Nos miramos, risita nerviosa. ‘Nadie ha oído nada’, susurro. Salimos del almacén como si tal cosa, él con su dossier falso, yo con las mejillas rojas. Volvemos a los escritorios, tecleando papeles, pero yo… cruzo las piernas, notando el semen secándose. El jefe pasa, pregunta por el informe. ‘Ya casi, don Pepe’, digo normalita. Luis me guiña ojo disimulado. Adrenalina total, quiero más ya. Mañana… ¿repetimos?