Trabajo en una oficina cutre en Madrid, de secretaria. Él es Carlos, mi compañero de al lado, cincuentón divorciado, con esa voz grave que me pone. Últimamente, nos quedamos hasta tarde con los informes. Sus ojos… uf, me miran los tetas cuando cree que no veo. Yo le devuelvo la mirada, mordiéndome el labio. Ay, el corazón me late fuerte.
Esta noche, todos se han ido. Solo nosotros dos, apilando carpetas en la sala de reuniones. Cierro la puerta, ‘por si molesta la luz’. Él sonríe, pícaro. ‘María, ¿segura que no te molesto?’ Su olor a hombre sudado me llega, mezclado con colonia. Me acerco, rozando su brazo. ‘No, qué va… me gusta la compañía’. Silencio. Nuestras manos se tocan al pasar un dossier. Calor sube. ‘¿Tienes calor?’, dice él, quitándose la corbata. Yo asiento, desabrocho un botón de la blusa. Sus ojos bajan a mi escote. ‘Joder, María…’. Me pongo roja, pero no paro. Le pongo la mano en el muslo. ‘¿Quieres oler cómo huelo yo después de todo el día?’. Él traga saliva. ‘Sí… acércate’. Me inclino, cuello expuesto. Aspira hondo. ‘Mmm, deliciosa’. Su aliento en mi piel… temblor.
La tensión sube entre carpetas y miradas calientes
Ahora el espacio es nuestro. Apaga la luz grande, solo la lámpara tenue. ‘Siéntate’, me dice, en la silla. Se arrodilla, coge mi pie. ‘Quítate el zapato’. Dudo. ‘¿En serio?’. ‘Sí, quiero tu olor real’. Me lo quito, calcetín sudado. Él lo huele, gime. ‘Joder, qué rico’. Me besa el pie, lengua entre dedos. Yo jadeo. ‘Para… o no pares’. Se quita el calcetín, chupa mis dedos gordos, saliva chorreando. Mi coño palpita ya.
Le digo: ‘Tu turno’. Él se levanta, baja pantalón un poco. ‘Huele mi polla’. La saca, dura, gorda. La acerco a mi nariz. Almizcle fuerte, sudor. Me mojo. ‘Dame tu tanga’, pide. Me la quito, se la meto en la boca. Mastica. ‘Sabe a ti, a coño caliente’. Yo: ‘Chúpame ya’. Se tumba en la mesa, yo encima, falda subida. Baja mi tanga a medias. Boca en mi chochito peludo. Lengua lamiendo labios, aspirando clítoris. ‘¡Aaaah! Más’. Le cojo la cabeza, froto. Olor mío fuerte, cyprine en su cara. Él mete lengua dentro, follando mi agujero. Orgasmazo rápido, piernas temblando.
El polvo crudo e intenso en la sala privada
No para. Me gira, cara en mesa. ‘Quiero tu culo’. Lamida en ano, círculo lento. ‘¡No, sucio!’. ‘Está limpio y rico’. Insiste, lengua pinchando. Gimo. ‘Joder, qué bueno…’. Manos en tetas, pellizca pezones. Mi polla suya roza mi muslo. Froto atrás, labios coño en su verga. Deslizo, arriba abajo. Glande entra un poco. ‘¡Fóllame!’. Se clava de golpe, polla gruesa reventándome. Bombeamos fuerte, mesa cruje. ‘¡Cállate, nos pillan!’, susurro. Él acelera: ‘Tu coño aprieta delicioso’. Sudor gotea, culos chocan. Me corro otra vez, chorreando. Él sale, eyacula en mi culo, leche caliente.
Pausa. Respiramos agitados. ‘Joder, increíble’, dice limpiándose. Yo: ‘Sí, pero… volvamos al trabajo’. Nos vestimos rápido, riamos nerviosos. Limpio la mesa con kleenex. ‘Como si nada’. Él me guiña: ‘Mañana repetimos?’. Salgo, piernas flojas, coño palpitando. Oficina vacía, pero adrenalina máxima. Nadie sabe.