Trabajo en una oficina cutre del centro, papeleo hasta las narices. Hoy, Andrea está enfrente. Esa rusa tetona, pelirroja, con curvas que me ponen cardíaca. Lleva falda ajustada, blusa que deja ver el sujetador. La pillo mirándome mientras archiva expedientes. Nuestros ojos se cruzan. Sonrío. Ella guiña. Joder, siento un cosquilleo en el coño.
‘¿Todo bien, Carmen?’, me dice bajito, pasando con una carpeta. Su voz ronca me eriza la piel. ‘Sí… eh… genial’, balbuceo, cruzando las piernas. Mi tanga ya está húmeda. Me muerdo el labio. Ella se acerca más, su perfume invade mi mesa. ‘Necesito ayuda en la sala de atrás. ¿Vienes?’, susurra. El corazón me va a mil. Asiento. Nadie nos ve.
La tensión sube entre miradas y papeles
Entramos en la sala de archivos. Puerta entreabierta, riesgo total. Archivos por todos lados, olor a papel viejo y polvo. Cierro un poco la puerta. ‘¿Qué pasa?’, pregunto nerviosa. Ella se pega a mí. ‘Tú lo sabes’, dice, y me besa. Sus labios carnosos, lengua caliente. Gimo. Manos en mi culo, aprieta. ‘Joder, Andrea… aquí no…’, pero mis manos ya están en sus tetas. Grandes, firmes. Le bajo el escote, pezones duros como piedras.
Me empuja contra la pared. Falda arriba, tanga a un lado. ‘Mira cómo estás de mojada, guarra’, ríe. Sus dedos rozan mi clítoris. ¡Ah! Tiemblo. ‘Cállate y fóllame’, le digo, jadeando. Se arrodilla. Boca en mi coño. Lengua lamiendo los labios, chupando el clítoris hinchado. ‘¡Sí, así! Más fuerte…’, gimo bajito. Miedo a que entre alguien. El subidón me mata. Meto dedos en su pelo rojo, empujo su cara contra mí. Su saliva y mi flujo chorreando por las piernas.
El polvo brutal y el regreso al curro
Me pongo de rodillas. Le arranco la falda. Coño pelirrojo, depilado, labios gordos y brillantes. ‘Qué puta maravilla’, murmuro. Lamida larga desde el ano hasta el clítoris. Ella gime: ‘¡Dios, Carmen… no pares!’. Le meto dos dedos en el coño, caliente, apretado. Sale y entra, chapoteo húmedo. ‘¡Más! ¡Tres!’, pide. Obedezco. Pulgar en su ano, lo masajeo. Se corre primero: ‘¡Me corro! ¡Joder!’, tiembla, chorrea en mi boca. Sabor salado, adictivo.
Ahora ella me folla. Tres dedos en mi coño, bombeando duro. ‘Tu chochito es mío’, gruñe. Clítoris entre dientes, tira suave. ‘¡Ah! ¡Voy a…!’, grito ahogado. Orgasmo brutal, piernas flojas, squirteo un poco en el suelo. Nos besamos, saboreándonos. Sudor, flujo por todos lados. Risas nerviosas. ‘Casi nos pillan’, dice ella, limpiándose.
Nos arreglamos rápido. Falda abajo, blusa recta. Olor a sexo en el aire. Salimos por separado. Vuelvo a mi mesa, piernas temblando. Ella pasa: ‘Gracias por la ayuda’. Sonrisa pícara. Nadie nota nada. Sigo tecleando, coño palpitando aún. Adrenalina pura. Mañana, repetimos. O no. El curro nunca fue tan excitante.