La paja prohibida en la oficina con mi compañero cojo

Trabajo en una oficina grande, de esas con cubículos y mucho papeleo. Hoy tocaba archivar dossiers con Marcos, el nuevo. Tiene la pierna derecha escayolada hasta el muslo, se rompió esquiando. Camina con muletas, lento, pero guapo. Pelo rizado, ojos negros profundos, sonrisa pícara. Yo… bueno, soy abierta, me flipa el riesgo en el trabajo. Esa adrenalina de que te pillen follando.

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Estábamos solos en la sala de archivos, al fondo del pasillo. Los demás en reunión. El aire olía a papel viejo y su colonia fuerte, masculina. Ordenábamos cajas altas, él se apoyaba en las muletas. Nuestras manos se rozaban al pasar carpetas. ‘Cuidado, no te caigas’, le dije, tocándole el brazo. Él me miró fijo, bajando la vista a mis tetas bajo la blusa. ‘Gracias, nena… eres un sol’. Su voz ronca, eeeh… me puso.

La tensión entre los dossiers y las miradas

Yo llevaba falda corta, medias. Me agaché a por una caja baja, él detrás. Sentí su mirada en mi culo. Me giré, sonriendo. ‘¿Qué miras tanto?’. Él se rió, nervioso. ‘No puedo evitarlo… estás buenísima’. El espacio se cerraba, archivadores como paredes. Puerta entreabierta, pero lejos de las oficinas. Corazones latiendo fuerte. Su mano rozó mi cadera. ‘Joder, Marcos… aquí no’. Pero no me aparté. Él sudaba un poco, el plâtre le molestaba.

De repente, ‘Necesito mear, pero… con esta pata de mierda, es jodido’. Lo miré. Oportunidad. ‘Te ayudo’. Lo llevé cojeando a un rincón, detrás de los ficheros altos. Privado ya. Él se desabrochó el pantalón torpe. ‘No llego bien’. Yo… tragué saliva. Metí la mano, palpando su paquete. Caliente, ya medio duro. Saqué su polla. ¡Hostia! Gorda, larga, venosa. El capullo medio pelado, brillando.

Estaba tiesa, palpitando. Mi coño se mojó al instante. ‘Joder, qué polla más grande’. Él gimió. ‘Tócame… porfa’. Agarré esa verga dura, piel suave sobre hierro. La piel olía a hombre, a sudor limpio. Deslizó el prepucio del todo, gota de pre-semen en la punta, viscosa. La unté con ella, masturbándolo lento. ‘Así… sí, cabrona’. Sus pelotas pesadas, las apreté suave por el bóxer. Él jadeaba, apoyado en mí.

El polvo brutal y la vuelta al curro

Mi otra mano bajó a mi falda, metí dedos en el tanga. Coño chorreando, clítoris hinchado. ‘Me la has puesto dura… fóllame con la mano’. Aceleré, polla resbaladiza entre mis dedos. Él me besó el cuello, mordió oreja. ‘Quiero verte correr’. Frotó su paquete contra mi muslo, plâtre rozando. Gemí bajito. Oímos voces lejanas, ¡mierda! Adrenalina pura. Bombeé más rápido, venas hinchadas, capullo morado.

‘¡Me corro!’. Su polla se cabró, chorros calientes contra el archivador. Leche espesa, blanca, salpicando metal. Olía a sexo fuerte. Yo exploté, dedos empapados en mi jugo, piernas temblando. ‘Joder… qué fuerte’. Él se sacudió, último espasmo. Guardamos todo rápido. Polla aún goteando, la limpié con kleenex. Él se subió el pantalón, sonriendo. ‘Gracias… socia’.

Limpiamos rápido las pruebas. Volvimos a los dossiers como si nada. Él cojeando, yo sonriendo falsa. Compañeros entraron, ‘¿Todo bien?’. ‘Sí, perfecto’. Dentro, coño palpitando aún. Miradas cómplices. Mañana… ¿repetimos?

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